domingo, 29 de marzo de 2009

Informativo Attac -Tv


Informativo Attac-Tv
http://www.vimeo.com/3863334

Referéndum de Irlanda.La U.E. presiona a Irlanda para que apruebe en el próximo referéndum el Tratado de Lisboa

Edición: Attac País Valenciano

sábado, 28 de marzo de 2009

28-M. Movilización contra el G-20. Es hora de cambiar












ES HORA DE CAMBIAR

Día de rechazo a la reunión del G-20 de Londres prevista para el 2 de abril de 2009.

Exigimos responsabilidades a los actores que han provocado esta crisis económica y humana: la banca, las multinacionales, las finanzas y sus instituciones internacionales, con la complicidad de gobiernos y partidos políticos que los han apoyado. Exigimos a las cúpulas sindicales que den un giro radical a sus estrategias, para ponerse por fin al lado de la ciudadanía que sufre los estragos de la crisis, e impulsen la movilización y organización sociales.


Luchamos por arrebatar el poder económico a las finanzas, la socialización de la banca, la erradicación de los paraísos fiscales y el control social de los mercados financieros. ¡La economía al servicio de los pueblos y las personas!


Luchamos por hacer efectiva la sostenibilidad. Exigimos detener la sobreexplotación de los recursos naturales y energéticos y frenar el cambio climático.


Luchamos por la reducción drástica de las injusticias y desigualdades sociales en el Norte y en las relaciones Norte-Sur: menos crecimiento y más reparto (renta básica de ciudadanía, reforma fiscal que garantice un sistema tributario progresivo y redistribuidor de la riqueza, abolición de la deuda externa de los países empobrecidos, fin de los tratados de libre comercio, de las políticas de liberalización del comercio de bienes y servicios y del expolio de las multinacionales).


Luchamos por garantizar un trabajo y unas condiciones laborales dignas para trabajadores y trabajadoras: no a las políticas de destrucción de empleo (como los ERE), alto a la explotación e indefensión laboral, mejora de la protección social y recuperación de los derechos laborales destruidos.


Luchamos por la defensa y la ampliación de los servicios públicos: basta ya del saqueo de la sanidad, la educación, el territorio, el agua… Reversión de los servicios públicos ya privatizados.


Luchamos por que la vivienda deje de ser un bien de inversión especulativa y retome su función social de alojamiento: por un cambio de modelo social de la vivienda en propiedad a la vivienda pública en alquiler, terminando definitivamente con la locura insostenible del ladrillo.


Luchamos por la igualdad efectiva de derechos y oportunidades de todas las personas, sea cual sea su origen, cultura, nacionalidad, religión o sexo. No hay personas de segunda categoría. ¡No a la criminalización de las personas inmigrantes!


Luchamos por un mundo en que las personas escojan su futuro sin estar presionadas por las estructuras patriarcales. Queremos relaciones basadas en la solidaridad y no en la dominación, la competitividad y la violencia.

viernes, 27 de marzo de 2009

La democracia enferma

La democracia vive uno de sus peores momentos históricos. La crisis ha desnudado al sistema y ha dejado al descubierto un esqueleto deforme con el corazón podrido. Sin embargo, aún alienta actitudes que carcomen el cuerpo social –puede que lo haga por mucho tiempo, porque no se le aplica un remedio eficaz–. La ciudadanía pone sus ojos en la política señalando culpables. Hizo dejación de sus obligaciones al entregar nuestros destinos a Consejos de Administración privados –cuando su mandato era representarnos para buscar el bien común–. Más aún, la política parece constituirse hoy como parte del problema. Las estructuras de los partidos están obsoletas, lo que propicia que –en más casos de los admisibles– lleguen a los puestos de decisión quienes se abren paso a codazos, en lugar de ser elegido el más capaz y el más dispuesto al servicio público. Igual parece suceder con los sindicatos, que han sido colaboradores necesarios para que los españoles cobremos los sueldos más bajos –sólo superamos a Grecia y Portugal– de la Europa de los 15, frente a un poder empresarial ambicioso e insolidario.

Lo más grave es que no varían ni su discurso ni sus métodos. En los conflictos actuales del PP, les vemos negar con ahínco los evidentes síntomas de corrupción, resucitando viejas y nefastas teorías conspirativas en un espectáculo patético y nada inocuo que empobrece la democracia. Inmadurez, imprevisión y descoordinación enmascaran importantes logros del Ejecutivo. Los ataques partidistas nos hastían. Asistimos perplejos a peligrosas concomitancias de todos los poderes que fundamentan el Estado de Derecho, incluido el cuarto, la prensa. Aupados en sus torres de marfil, los actores del fiasco no parecen enterarse del efecto que la suciedad y la inoperancia causan en la ciudadanía. Una inmensa apatía recorre el mundo –país por país y en la casa globalizada–, mezclada con brotes de rebeldía, cada vez mayores, que no encuentran canal para circular.

La doctrina militarista y neocon en lo económico que George W. Bush trajo bajo el brazo fue dando los últimos golpes de gracias a los organismos nacidos tras la II Guerra Mundial y su intento de que aquella conflagración terrible fuera la última –¿se acordaría alguien, hoy, de los Derechos Humanos al redactar Constituciones?–. La ONU inoperante, la ONU bombardeada y dócil, el periodismo silenciado, cuando no también gaseado y golpeado… o desactivado. Noticias de un día, sin seguimiento, ni refrescadas con antecedentes; la sociedad que no parece ser consciente de sus derechos y de su papel actor en el devenir de la historia.

Cayó ya el manto de la impunidad sobre la última masacre de Israel sobre los palestinos. Un muro de 2.500 km sembrados de minas se yergue –olvidado– en el Sáhara, a la espera de un referéndum que nunca se celebra. Se aplastó la revolución dorada –de monjes indefensos y hartos– en el Tíbet. Completamente. Hasta el silencio 30.000 muertos sepultados por un terremoto y –sobre todo– la tiranía, en Myanmar. Totalmente. Hasta la indiferencia. Aunque el mundo dolorido derriba sus barreras en avalancha: lo malo nos toca a todos. Más asesinatos de locura terrorista, cavernaria. Aquí y allá. Se incrementan los precios de los alimentos y la gasolina; luego los especuladores los bajan sin dar explicaciones. Estalla una guerra al norte de la civilizada Europa. Por gas, por petróleo, por hegemonía. Se solidifican y congelan los hielos de la guerra fría. Un dirigente político legisla en su provecho, introduciendo el fantasma del fascismo desde sus pies de bota. Siguen llegando pateras. Sigue matando el hambre. Siguen diezmando poblaciones las guerras y las enfermedades. Unos pocos se lucran con el mal ajeno. Joyas y materiales preciosos –coltan, uranio– causan codicia y muerte en África. En Zimbabue, el cólera sin medicinas mata a cientos de personas. Su dictador, Robert Mugabe, fue exonerado de condena por el G-8 tiempo atrás, por ese juego de vetos y prioridades al que suele jugar.

Se reconstruye el Irak invadido, entre escándalos y más impunidad. Ya no hay espacio para tanto banco y tantos fraudes, pero hay que conservar el sistema a cualquier precio. Ya no caben más coches en el mundo, pero se hace preciso mantener las estructuras. Lloran los bolsillos millonarios –porque alguno de los suyos les engañó– mientras repasan sus cuentas sólidas de Suiza. Baja el petróleo, sin cesar. Y todos los indicadores económicos. Y las Bolsas no se animan. Llegan los despidos, los ERE, tan oportunos a los planes económicos, y gimen –con más motivo– los asalariados.
¿Algo más tiene que pasar para que el mundo se inmute? El podrido sistema, la democracia enferma, exigen regeneración. Pero habrá que utilizar la propia casa como punto de partida. Necesitamos la política, esencia de la democracia, pero no esta. No nos podemos limitar a votar cada cuatro años. Ya no es hora de algaradas callejeras que no provocan cambio alguno. Los descontentos constructivos tampoco disponemos, desde nuestras casas aisladas, de los medios para fletar 700 autobuses, con bocadillo y manta o abanico.

En España, los planes inaplazables –vigentes en otros países– son, como mínimo: asambleas ciudadanas con políticos y expertos de la universidad, listas abiertas para que nuestros representantes no sucumban a la ominosa disciplina de partido, separación real de poderes. Cada uno de ellos, libre, limpio y responsable. Un periodismo crítico que erradique la prioridad del negocio, otros intereses ajenos, improvisación o falta de capacitación. La educación como cimiento, no limitada a la enseñanza en el colegio, con una actualización continua de los adultos. Poderes públicos que la propicien en lugar de disuadirla. Una red mundial nos ayuda como vehículo. Todo ello contribuiría a despertar a tibios e insolidarios. Alguien tendrá que emprender la tarea. Si tiembla la tierra, habrá que apuntalarla. Con la voz, las manos y las utopías.

Rosa María Artal es Periodista y escritora.
Fuente: Público

jueves, 26 de marzo de 2009

El retraso social de España

Una de las características del estado del bienestar en España es su subdesarrollo. Según Eurostat, España en el año 2006 (el último año con datos comparables) era el país, después de Portugal, que tenía el gasto social por habitante más bajo de la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países de desarrollo económico semejante al nuestro. En aquel año, el PIB per cápita de España había alcanzado ya a ser el 93% del promedio de la UE-15 y, sin embargo, el gasto público social per cápita era sólo el 70% del promedio de la UE-15.

¿A qué se debe este retraso social? Una de las mayores causas es el enorme subdesarrollo social que la España democrática heredó del sistema dictatorial anterior. Cuando el dictador murió, el gasto público social en España era sólo un 14% del PIB, muy inferior al promedio (22%) de los países que más tarde constituirían la UE-15. Ni qué decir tiene que mucho se ha hecho durante los 32 años de democracia. Pero el hecho es que en 2006 -29 años en democracia- continuábamos a la cola de la Europa (UE-15) social. Y es probable que en 2009 continuemos a la cola a pesar de los avances considerables que se han hecho durante el periodo 2004-2009.

De ahí que debamos considerar que existen otras causas, además de la insensibilidad social de la dictadura, que determinan el retraso social de España. Y una de ellas es el enorme poder que las fuerzas conservadoras (la monarquía, la nomenclatura del Estado franquista, el Ejército, la Iglesia, la banca, la patronal, y los medios conservadores) tuvieron en el proceso (erróneamente definido como modélico) de transición de la dictadura a la democracia, que lideraron aquel proceso y dominaron la vida económica y política del periodo democrático. Las enormes movilizaciones populares en el periodo 1975-1978 (España fue el país con mayor número de huelgas en Europa durante aquellos años) fueron determinantes en forzar el fin de la dictadura (el dictador murió en la cama, pero la dictadura murió en la calle), mas no fueron suficientemente fuertes para provocar una ruptura y cambiar las condiciones que permitieron la continuación del dominio político de aquel enorme bloque de poder. Y una de estas condiciones fue la Ley Electoral, cuyos primeros borradores surgieron de la nomenclatura del Estado dictatorial, y que, tras ser modificado fue adoptado, por el Gobierno Suárez en 1978, dando gran dominio a las fuerzas conservadoras, discriminando a las zonas urbanas, a la clase trabajadora y a los partidos de izquierda (tal y como autores de aquel proyecto, como Herrero de Miñón y Calvo Sotelo, reconocieron).

Una consecuencia de ello es que el sistema electoral español es uno de los menos proporcionales y menos representativos de los existentes. Ello explica que aún cuando en todas las elecciones legislativas al Parlamento español (excepto en 1977, 1979 y 2000), el electorado español ha dado muchos más votos a los partidos de izquierdas que a los partidos de derechas, España no ha tenido un Gobierno mayoritario de izquierdas (o apoyado por una mayoría de izquierdas) durante la mayor parte del periodo democrático. Sólo ocurrió durante el periodo 1982-1993; en los otros periodos el partido mayoritario de las izquierdas, el PSOE, se alió con las derechas nacionalistas más que con los partidos a su izquierda, resultado en parte de la enorme discriminación que el sistema electoral ejerce hacia estos partidos y también consecuencia de la enorme presión ejercida por aquel bloque de poder que lideró la transición. Y es ahí donde hay que buscar las causas del subdesarrollo social de España. Es bien conocido que, en general, a mayor fuerza de las izquierdas, mayor desarrollo de los derechos sociales y laborales en un país, y de su estado del bienestar. El mejor indicador de esto es Suecia, donde las izquierdas gobernaron por más tiempo desde la II Guerra Mundial. En aquel país, 32 años (1945-1977) fueron suficientes para convertirse en el país con mayor sensibilidad social del mundo. No así en España. La debilidad de las izquierdas es causa de ello.

El bipartidismo refrendado en la Ley Electoral, continuista del año 1985, ha favorecido al aparato del partido mayoritario dentro de las izquierdas, el PSOE, permitiéndole tener más escaños, pero ha dificultado la implementación de su programa, pues este no se ha podido desarrollar en su totalidad por falta del apoyo parlamentario de las otras izquierdas, apoyo que podría haber tenido si hubiera existido en España un sistema auténticamente proporcional. Por cierto, tal falta de proporcionalidad aparece también en las CC.AA. como lo muestran las últimas elecciones gallegas, en las que los votos a los partidos de izquierda (PSOE, BNG y EU-IV) fueron 811.641, más que los votos a los partidos de derecha (PP y TEGA), que sumaron 808.153. A pesar de ello, el PP ganó la mayoría de escaños, permitiéndole gobernar.

Pero queda por responder cómo es que este subdesarrollo del estado del bienestar no ha tenido mayor visibilidad política y mediática en España. La razón es que los establishments políticos y mediáticos, constituidos en su mayoría por individuos que pertenecen al 30% de la población de renta superior del país, no quedan afectados por las grandes insuficiencias de los servicios públicos del estado del bienestar. Envían a sus hijos a las escuelas privadas concertadas (que tienen un gasto por alumno superior a las públicas) y, cuando caen enfermos, van a la medicina privada (cuyo tiempo promedio de visita es de 18 minutos; el promedio en la pública es de 8 minutos), o reciben trato preferencial en la pública. De ahí que no sean plenamente conscientes del retraso social en España. Y su poder político y mediático es enorme. Y así estamos.
Vicenç Navarro - Consejo Científico de ATTAC España
Fuente: Público

miércoles, 25 de marzo de 2009

Informativo Attac-Tv


Attac Tv. Informativo
Crisis y gobierno español

http://www.vimeo.com/3842623

Edición: Attac País Valenciano

Hijos de la picaresca

Una conciencia laxa ante la corrupción, la creencia frente a la ciencia y un atraso educativo secular: tres pies para una mesa que cojea por su erróneo diseño. Alcaldes de todos los partidos son acusados de corrupción, ingresan en la cárcel entre llantos, vítores y aplausos, y, en el 71% de los casos, resultan reelegidos, aumentando incluso sus apoyos. ¿Concedemos los españoles mayor permisividad que otros pueblos a la trampa, el robo, la malversación, el cohecho y todas sus variantes delictivas?

Sin duda, somos hijos de la picaresca, un género literario asociado a las letras españolas que nos ha impregnado el alma. O viceversa. En su tiempo de esplendor -siglo XVII-, la picaresca supuso una auténtica creación porque abordó con crudo realismo la verdad, en contra de las idealizaciones del Renacimiento. La novela picaresca suprime artificios de lenguaje y refleja la sociedad en la que vive: la que distingue a los seres humanos según su cuna y arroja a los abismos al pobre, que sólo puede medrar con subterfugios superiores a los de aquellos a quienes se ve obligado a servir. España de falacia y pandereta, de filfa, patraña y estafa, lerda y falsa, clerical y oscurantista, que nunca concede al pícaro la gracia heroica del triunfo sobre el poder. Su astucia obligada sólo le ayuda a sobrevivir.

Pocos países en la historia han ostentado la hegemonía mundial. España tuvo ese dudoso privilegio durante varios siglos. Lo que otros imperios robaron -tributos y botines de guerra, si se prefiere usar eufemismos- puebla sus museos. Grecia y Egipto se contemplan en el British londinense, y, lo que resta, en el Louvre parisino o en el Vaticano. ¿Y qué fue de los tesoros incautados por España? A partir de esa primera interrogante, nos encontramos a los Austrias dominados por validos o, llegados los Borbones, a la regente María Cristina, que amasó una inmensa fortuna trapicheando, según se le atribuye, con la sal, los incipientes ferrocarriles e incluso la trata de esclavos.

La Segunda República no se libra de despilfarros, falta de organización y corruptelas. Alejandro Lerroux se vio obligado a dimitir de su breve mandato como presidente del Gobierno por los escándalos del estraperlo y el cobro de favores -uno de los pocos a quienes la corrupción le pasó factura-. En realidad, la trayectoria española del siglo XX está llena de casos con nombre propio. Inolvidables Matesa y Sofico en el franquismo; el aceite de colza, con la UCD, y todos los que ya apoya la memoria reciente.

España, pozo de dinero negro, ha hecho de la burbuja inmobiliaria el primer alimento para nuestra fama de corruptos. Extendida por todo el territorio español, prevarica, trafica con influencias, cobra comisiones y adjudica irregularmente. Se la está atajando con múltiples investigaciones y condenas, pero la basura no cesa de fluir. Una comisión del Parlamento Europeo dictaminó en 2007: "El urbanismo que está padeciendo España es un atentado contra derechos fundamentales, movido por intereses bastardos de constructores sin escrúpulos, conchabados con alcaldes de poca monta, enfeudados unos y otros en la codicia y la avaricia".

Si nos atenemos a los datos de la organización Transparency Internacional, ocupamos, sin embargo, el puesto 28 -entre 180- entre los más limpios, con una calificación de notable (6,8). La ciudadanía, en cambio, dice percibir alta corrupción, sobre todo política. Sólo que -y esto es básico- no le importa. Sólo un 2% de los ciudadanos la cita como problema en las encuestas del CIS.

Para los diccionarios de sinónimos, el pícaro es travieso, pilluelo, bribón, tunante, revoltoso o astuto. ¡Dulce benevolencia! Buena parte de los españoles admira a quien se enriquece, sin importarle los métodos.

El desmesurado peso de la Iglesia católica en el Estado español a lo largo de toda su existencia no es ajeno a la aceptación tácita de la corrupción. Influencia clara, cuando aún intenta impedir en España lo que acepta en otros lugares, como el estudio de Educación para la Ciudadanía o una ley del aborto europea. Partimos de dos premisas fundamentales que constituyen la razón de ser la religión: creencia frente a ciencia y juicio, y limpieza del pecado con una penitencia cómoda y solitaria. Los vecinos que vitorean alcaldes presuntamente corruptos no "creen" que lo sean, de nada les sirven las pruebas, les posee la fe. Muchos políticos también participan de esa actitud. Y sobre todo, demuestran pensar que la contrición privada exime de culpa, al margen de la justicia.

Causa y consecuencia, la educación sigue siendo asignatura pendiente de los españoles porque, a pesar del indudable y vertiginoso crecimiento económico, partir del subdesarrollo y la dictadura lastra. Aún presentamos un notable fracaso de instrucción infantil... y evidentes carencias en los adultos. Desde la inocua falta de uso de expresiones corteses y el escaso dominio de lenguas extranjeras, a no pensar en los otros -elemento básico de una formación adecuada-. País bipolar, de excesos y carencias, generador de caspa que no tapa el progreso.

Una llave para el cambio: la búsqueda del bien común. Y con ella, franquear la entrada a una nave que aguarda durante siglos partir hacia una nueva España. Por la borda y con una pesada ancla, habremos de arrojar la picaresca y todo lo que implica. Para enderezar la Historia.

* Rosa María Artal es periodista y escritora. Su último libro es España ombligo del mundo.

Fuente: El País



martes, 24 de marzo de 2009

Informativo Attac Tv


Informativo Attac TV - Banca ética.

http://www.vimeo.com/3826069

Edición: Attac- Pais Valenciano

La difícil alternativa anticapitalista

La crisis actual ha confirmado el sentimiento y el afán de millones de seres para que desaparezca de una vez el sistema capitalista, basado desde su origen en la injusta explotación del trabajo humano, el ansia de lucro ilimitado y el expolio destructor de los bienes de la Tierra. El daño que está haciendo a la humanidad y a la naturaleza comienza a ser irreversible y casi tan amenazante como una guerra nuclear. Las alternativas históricas que propugnaban la llamada “revolución social” fracasaron en su combate, debido a la represión de dictaduras reaccionarias –inducidas y sufragadas por el capital–, o a la forzada y astuta “cohesión social” que este supo crear mediante una socialdemocracia manipulada, dividiendo y comprando a las clases trabajadoras con el señuelo del bienestar tras siglos de miseria y, sobre todo, inyectando en toda la ciudadanía como “pensamiento único” su materialismo, su ética individualista y su ideología conservadora. Esto convirtió a los revolucionarios en “profetas desarmados”. Dos siglos de luchas, sacrificios y muertes parecían perdidos.

Con el ascenso político del liberalismo neocon, la caída del imperio soviético y el nuevo imperialismo globalizador, se auguraba nada menos que el fin de la Historia. La economía capitalista respondería a la verdad matemática de una ciencia natural, que, siempre a la larga, se acabaría imponiendo a las mentes sensatas por ser la única en dar riqueza y felicidad a todos los habitantes de la tierra. Sin embargo, la radical crisis presente le ha dado la razón a más de media humanidad y a todos cuantos en el pasado –pensadores, políticos dirigentes obreros–, ya habían diagnosticado la naturaleza irracional, injusta y a menudo criminal de un sistema histórico ya sin futuro en una sociedad de personas libres e iguales, democrática, solidaria y deseosa de la paz perpetua entre los pueblos.

Pero la oligarquía global capitalista es una dictadura que no se rinde fácilmente. Promete refundarse y chantajea a los Estados con el síndrome de Sansón: si los Gobiernos democráticos, en vez de apoyarla y sustentarla, derriban los pilares de su poderoso templo de mercaderes corruptos, las ruinas de su techo aplastarán a los ciudadanos. Por tanto, todo proyecto de sustituir el sistema imperante de forma pacífica y democrática, si bien radical, ha de contar con tal amenaza y tener muy claros los datos del problema mundial planteado.

Ante todo no debe olvidarse que ya no hay más soluciones económicas eficientes que las aplicadas por una acción política que recoja, aglutine, dirija y conserve la indudable fuerza social anticapitalista existente en todo el mundo. Pero dicha fuerza política ha de movilizar a una población todavía resignada, apática, temerosa e insolidaria, la cual, por ser víctima del sistema, carece de cultura suficiente para tener conciencia de una participación democrática combativa.

Por otro lado, ya no cabe el “socialismo en un solo país”, y los Estados, sin un acuerdo internacional revolucionario, no pueden combatir a la mafia sin fronteras: tanto a la dictadura oligárquica financiera, más o menos legal, como a la “economía criminal” que mueve billones en todo el planeta. Sólo una ONU renovada y democratizada podría ser el embrión de una gobernanza global. Por ahora, el gran promotor de la protesta anticapitalista, el Foro Social Mundial, es la única alternativa, pero aún carece de unidad en una acción política influyente y eficaz.

Ante tanta dificultad, cabe el pesimismo, pero eso supone ignorar que la crisis actual se gestó hace 20 años y que el sistema ya ha iniciado su suicidio por éxito y también la futura alternativa social, política y económica. En Sudamérica, por ejemplo, la carencia de gobiernos que gobernaran de verdad ha obligado a sustituir su inacción social por comunidades de base autogestionadas, en la línea de la breve experiencia anarquista catalana de 1936 (sin sus excesos), que inspiró al comunismo yugoslavo entre 1945 y l970. Y es que el Estado hace tiempo que también sufre una profunda crisis por falta de confianza ciudadana y su dependencia del capitalismo mundial.

Los partidos políticos de izquierda pierden votantes, desencantados y hartos y, si no son ellos los que se refundan radicalmente, desaparecerán del mapa. Queda la esperanza de los movimientos sociales (ecologismo, pacifismo, feminismo), mas deben organizarse políticamente para compensar la tentación populista-fascista de las masas fomentada por el capital, como hizo tras la crisis norteamericana del 29.

La urgente tarea de presentar una alternativa positiva al capitalismo es harto difícil, pero no imposible. La utopía ya no carece de lugar (topos). Se practica hoy por la acción de muchos “viejos topos” que horadan los cimientos del sistema y abren las brechas por donde, como decía Walter Benjamin, pueda penetrar la esperanza mesiánica y “la energía revolucionaria de lo nuevo”.

José A. González Casanova es Catedrático de Derecho Constitucional y escritor

Fuente: Público



lunes, 23 de marzo de 2009

En defensa del decrecimiento

La visión dominante en las sociedades opulentas sugiere que el crecimiento económico es la panacea que resuelve todos los males. A su amparo --se nos dice-- la cohesión social se asienta, los servicios públicos se mantienen, y el desempleo y la desigualdad no ganan terreno. Sobran las razones para recelar, sin embargo, de todo lo anterior. El crecimiento económico no genera --o no genera necesariamente-- cohesión social, provoca agresiones medioambientales en muchos casos irreversibles, propicia el agotamiento de recursos escasos que no estarán a disposición de las generaciones venideras y, en fin, permite el triunfo de un modo de vida esclavo que invita a pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más bienes acertemos a consumir.

Frente a ello son muchas las razones para contestar el progreso, más aparente que real, que han protagonizado nuestras sociedades durante decenios. Piénsese que en EE.UU., donde la renta per cápita se ha triplicado desde el final de la segunda guerra mundial, desde 1960 se reduce, sin embargo, el porcentaje de ciudadanos que declaran sentirse satisfechos. En 2005 un 49% de los norteamericanos estimaba que la felicidad se hallaba en retroceso, frente a un 26% que consideraba lo contrario. Muchos expertos concluyen, en suma, que el incremento en la esperanza de vida al nacer registrado en los últimos decenios bien puede estar tocando a su fin en un escenario lastrado por la obesidad, el estrés, la aparición de nuevas enfermedades y la contaminación.

Así las cosas, en los países ricos hay que reducir la producción y el consumo porque vivimos por encima de nuestras posibilidades, porque es urgente cortar emisiones que dañan peligrosamente el medio y porque empiezan a faltar materias primas vitales. Por detrás de esos imperativos despunta un problema central: el de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Si es evidente que, en caso de que un individuo extraiga de su capital, y no de sus ingresos, la mayoría de los recursos que emplea, ello conducirá a la quiebra, parece sorprendente que no se emplee el mismo razonamiento a la hora de sopesar lo que las sociedades occidentales están haciendo con los recursos naturales. Para calibrar la hondura del problema, el mejor indicador es la huella ecológica, que mide la superficie del planeta, terrestre como marítima, que precisamos para mantener las actividades económicas. Si en 2004 esa huella lo era de 1,25 planetas Tierra, según muchos pronósticos alcanzará dos Tierras --si ello es imaginable-- en 2050. La huella ecológica igualó la biocapacidad del planeta en torno a 1980, y se ha triplicado entre 1960 y 2003.

A buen seguro que no es suficiente, claro, con acometer reducciones en los niveles de producción y de consumo. Es preciso reorganizar nuestras sociedades sobre la base de otros valores que reclamen el triunfo de la vida social, del altruismo y de la redistribución de los recursos frente a la propiedad y al consumo ilimitado. Hay que reivindicar, en paralelo, el ocio frente al trabajo obsesivo, como hay que postular el reparto del trabajo, una vieja práctica sindical que, por desgracia, fue cayendo en el olvido. Otras exigencias ineludibles nos hablan de la necesidad de reducir las dimensiones de las infraestructuras productivas, administrativas y de transporte, y de primar lo local frente a lo global en un escenario marcado, en suma, por la sobriedad y la simplicidad voluntaria.

Hablando en plata, lo primero que las sociedades opulentas deben tomar en consideración es la conveniencia de cerrar --o al menos de reducir sensiblemente la actividad correspondiente-- muchos de los complejos fabriles hoy existentes. Estamos pensando, cómo no, en la industria militar, en la automovilística, en la de la aviación y en buena parte de la de la construcción. Los millones de trabajadores que, de resultas, perderían sus empleos deberían encontrar acomodo a través de dos grandes cauces. Si el primero lo aportaría el desarrollo ingente de actividades en los ámbitos relacionados con la satisfacción de las necesidades sociales y medioambientales, el segundo llegaría de la mano del reparto del trabajo en los sectores económicos tradicionales que sobrevivirían. Importa subrayar que en este caso la reducción de la jornada laboral bien podría llevar aparejada, por qué no, reducciones salariales, siempre y cuando éstas, claro, no lo fueran en provecho de los beneficios empresariales. Al fin y al cabo, la ganancia de nivel de vida que se derivaría de trabajar menos, y de disfrutar de mejores servicios sociales y de un entorno más limpio y menos agresivo, se sumaría a la derivada de la asunción plena de la conveniencia de consumir, también, menos, con la consiguiente reducción de necesidades en lo que a ingresos se refiere. No es preciso agregar --parece-- que las reducciones salariales que nos ocupan no afectarían, naturalmente, a quienes menos tienen.

El decrecimiento no implicaría, para la mayoría de los habitantes, un deterioro de sus condiciones de vida. Antes bien, debe acarrear mejoras sustanciales como las vinculadas con la redistribución de los recursos, la creación de nuevos sectores, la preservación del medio ambiente, el bienestar de las generaciones futuras, la salud de los ciudadanos, las condiciones del trabajo asalariado o el crecimiento relacional en sociedades en las que el tiempo de trabajo se reducirá sensiblemente. Al margen de lo anterior, conviene subrayar que en el mundo rico se hacen valer elementos --así, la presencia de infraestructuras en muchos ámbitos, la satisfacción de necesidades elementales o el propio decrecimiento de la población-- que facilitarían el tránsito a una sociedad distinta. Y es que hay que partir de la certeza de que, si no decrecemos voluntaria y racionalmente, tendremos que hacerlo obligados de resultas del hundimiento, antes o después, de la sinrazón económica y social que padecemos.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de Bakeaz.

Fuente: Rebelión

Por soñar que no quede

Una tarde cualquiera de primavera…

He soñado que otra forma de hacer política era posible… que proponía otro mundo posible en todos los foros, municipios y parlamentos, que llevaba en la cabeza y corazón al Mundo y no una Nación o grupo de interés…

He soñado que se constituía el Partido de la Ciudadanía Mundial, que fomentaba la organización de la sociedad civil mundial como base de su acción política.

Un partido que defendía mundialmente los intereses de los silenciados, vulnerables y desheredados, promovía la paz, la justicia e igualdad y el respeto al medio ambiente y la solidaridad con las nuevas generaciones.

Un partido que proponía y promovía la constitución de unas Naciones Unidas auténticamente representativas y con un Parlamento Mundial formado por políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos de todo el mundo. Que resolvía sobre asuntos de interés común de la Humanidad.

Cuya razón de ser no era tomar el poder ni gobernar, sino difundir en foros sociales y políticos las ideas altermundistas, controlar a los poderes establecidos y contribuir a que tomaran mejores decisiones en beneficio de todos.

Era fundado en una gran asamblea de movimientos sociales de todo el Mundo con el propósito de defender mundialmente una carta de principios basados en valores de libertad, justicia, igualdad y solidaridad, y como salvaguardia de los derechos humanos.

En sus estatutos constitutivos figuraban normas claras para que en su seno nadie pudiera ejercer dominio sobre nadie, ni se lucrase en base a su condición de representante o electo. Los principios de lealtad, representación acorde con directrices mundiales establecidas y programas locales, responsabilidad y rendición de cuentas eran los que prometían, seguían y defendían los cargos electos del PCM en todos los parlamentos, consejos municipales, etc. en que actuaban como representantes.

Su actividad política estaba libre de cualquier tipo de condicionamiento y no se debía a ningún tipo de poder externo, ya que sus únicos sistemas de financiación eran las cuotas o donaciones de sus afiliados y afiliadas y no podía recibir financiación de bancos o grupos económicos de presión ni subvenciones gubernamentales.

La representación de cargo estaba continuamente supeditada a la confianza ciudadana y la rotación era frecuente. En el currículum de los aspirantes figuraba la capacidad, pero sobretodo la lealtad y la honradez.

Los representantes del PCM exponían motivos y propuestas y se implicaban en los temas clave para el desarrollo de las políticas altermundistas en todos los niveles de representación y estaban por la faena, nunca por el teatro mediático o por la lucha fraticida o los contubernios políticos. Pronto la gente empezaba a distinguirlos de los demás y los representantes de los partidos nacionales tradicionales habían de ir copiando sus modos ante el prestigio que esta actitud daba.

En el PCM nadie miraba a los otros y se preguntaba ¿de dónde vendrá? Sino que se preguntaba ¿qué podremos hacer juntos? Y todos los sectarismos habían desaparecido por medio del diálogo y la unidad en la acción.

Por otra parte los poderes fácticos y mediáticos mundiales ya no podían silenciar la voz de los ciudadanos y ciudadanas críticos, ya que esta voz estaba en los parlamentos y los principios y derechos humanos eran proclamados sistemáticamente desde las tribunas parlamentarias por dignos/as y valientes representantes. Estos/as podían denunciar sin temor la corrupción, ya que ellos no podían ser atacados por ese tema, en este sentido no hacían pactos de silencio.

Un día llegaba en que este partido lograba ya mayorías en algún parlamento nacional, en este momento - consecuentes con la decisión de no tomar el poder sino de ser la conciencia crítica, una voz de los silenciadas/os y desposeídas/os y un ejemplo práctico de comportamiento democrático - el partido renunciaba a gobernar y proponía y avalaba gobiernos mixtos y de amplias mayorías con las fuerzas de progreso.

Los ruidos de la Cumbre del G-20, las reuniones de nuestros gobernantes con insignes banqueros y las cargas policiales contra estudiantes me han despertado de este sueño, no obstante recreándome en él he llegado a una conclusión:

Luchar por él es necesario.

Antonio Fuertes Esteban - Comisión de Justicia Fiscal Global de ATTAC España

http://rexpublicaglobal.blogspot.com


domingo, 22 de marzo de 2009

6 mil millones de voces contra las medidas anti-crisis del G20

La crisis financiera mueve conciencias. Hace poco, 2.500 activistas participaron en el congreso “¿Está acabado el capitalismo?” de Attac en Berlín (www.attac.de) y 1.700 formaron parte del evento “Seis mil millones de caminos” (www.6billionways.org.uk) en Londres. Mientras la crisis incrementa el desempleo y la pobreza, y la vida de millones de personas está amenazada por el fracaso de los países enriquecidos de abordar el Cambio Climático y reducir radicalmente sus emisiones de gases de efecto invernadero, se multiplican este tipo de eventos. Además, aumenta el ingenio de las acciones contra los responsables de esta crisis global. El pasado 12 de marzo, mientras arrancó en diferentes ciudades del Estado español la acción “Los Puntos Negros de la Crisis” (www.lospuntosnegros.org), un grupo de activistas del Reino Unido, Irlanda, Francia, Suiza e Italia “invadió” el centro financiero St Paul's de Jersey, uno de los paraísos fiscales más conocidos de la Unión Europea (UE) para presentar el Plan de Acción contra estos espacios de impunidad de la Red por la Justicia Fiscal (www.taxjustice.net), quien, junto con un grupo local, organizó una ruta explicativa para señalar los impactos sobre las economías nacionales de los diferentes bancos “offshore” en la isla.

John Hilary, de la organización británica War on Want, exige: “el escándalo de los paraísos fiscales tiene que acabar”. Sólo los cuatro grandes bancos ingleses (RBS, Lloyds TSB, Barclays and HSBC) tienen 170 filiales in Jersey. “Las arcas públicas pierden cada año 100.000 millones de libras esterlinas por evasión fiscal. Y, en vez de mejorar la capacidad de recaudar estos impuestos perdidos, el Gobierno laborista intenta cerrar más de 200 oficinas de Hacienda en el Reino Unido, despidiendo 25.000 personas”, añade. Jersey firmó apresuradamente un acuerdo con Londres para facilitar información sobre los impuestos, con la esperanza de desaparecer de la “lista negra” de paraísos fiscales, que están en el huracán del debate sobre las reformas del sistema financiero de la próxima Cumbre del G20, y que incluso el presidente de EEUU, Barack Obama, identificó como “lugares de probables evasiones de impuestos de los EEUU”. Para los países empobrecidos el no-pago de impuestos y de otras tasas, por parte de las empresas transnacionales, supone la pérdida anual de 280.000 millones de euros aproximadamente.

La “invasión” de Jersey era la primera de una serie de acciones previstas en el Reino Unido ante la reunión del G20. Para el 28 de marzo, una amplia coalición de más de 100 organizaciones ha convocado una manifestación bajo el lema “¡Las personas primero! Empleo, Justicia, Clima” (www.putpeoplefirst.org.uk). “Seguirán las actividades en la City (Centro Financiero de Londres) el 1 de abril, durante el “Financial Fools' Day” (Día de los Inocentes para las finanzas - www.financialfoolsday.com), con acciones directas del movimiento autónomo y libertario bajo el lema “G20: Cataclismo en la City” (www.g-20meltdown.org). Además, habrá una Cumbre Alternativa (www.altg20.org.uk), una manifestación contra la guerra -exigiendo la salida de las tropas de Iraq y Afganistán, el final de la guerra en Gaza y la abolición de todas las armas nucleares (www.stopwar.org.uk), y un campamento de acciones sobre el clima (http://climatecamp.org.uk).

Siguiendo la declaración “No vamos a pagar por la crisis, que la paguen los ricos”, de la Asamblea de los Movimientos Sociales en el Foro Social Mundial, celebrado hace pocos meses en Belém (Brasil) (www.fsm2009amazonia.org.br), se está desarrollando una semana de acción global contra el capitalismo y la guerra del 28 de marzo al 4 de abril. En Francia, Alemania (http://28maerz.de) y el Estado español, entre otros, se hará mayor hincapié en la movilización contra el G-20 el 28 de marzo. Muchas acciones contra las medidas anti-crisis se enlazan, además, con las marchas contra la OTAN, y sus bases militares, en su 60 aniversario el 4 de abril en Estrasburgo y otros lugares. Desde la Marcha Mundial de las Mujeres, explica Miriam da Silva Pacheco, “en Brasil organizaremos una acción el 30 de marzo, contra la guerra y la crisis, y en solidaridad con Palestina, en alianza con otros movimientos, como MST, CUT, CTB y los estudiantes”. Los movimientos sociales en América Latina están volcados en la movilización contra su propio "G20", la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, que reúne a mediados de abril a los presidentes del continente.

Movimientos y organizaciones sociales de la región suramericana, como Jubileo Sur, están preparando asimismo acciones de manera paralela a la reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que celebra a finales de marzo su 50° aniversario en Medellín (Colombia), para denunciar y demandar justicia frente a las políticas del BID, sus impactos sobre la población y el medio ambiente, así como las consecuencias de la deuda externa y los programas de ajuste estructural de las Instituciones Financieras Internacionales.

En Roma se organizará una acción simbólica frente al Banco de Italia, centrada en la demanda de cerrar los paraísos fiscales. Antonio Tricario, de la Campagna per la Riforma della Banca Mondiale, opina que el Financial Stability Forum (FSF) se convierte en un problema mucho más grande que el Fondo Monetario Internacional (FMI), por lo que aboga por una acción concertada entre los movimientos para denunciar el FSF. Éste fue creado en 1999 para reunir gobiernos, bancos centrales, autoridades nacionales de supervisión de los mercados (como la CNMV), las instituciones financieras internacionales, comités de expertos, etc. Su objetivo: promover estabilidad financiera internacional, mejorar el funcionamiento de los mercados financieros y reducir riesgos sistémicos. Actualmente está presidido por Mario Draghi, Gobernador del Banco de Italia. "Es más fácil conocer la mente de dios, que lo que piensa y hace Draghi", ironiza Tricario.

"El mundo en crisis: economías y políticas para una transformación global" será el lema de la reunión alternativa a la Cumbre de los ministros de economía y finanzas de la UE (ECOFIN), a finales de marzo en Praga. "Necesitamos urgentemente alternativas", declara Glopolis, los organizadores del "Alternative ECOFIN", una iniciativa que ya se llevó a cabo desde 2006 en Viena, Berlín y Ljubljana. Hans-Jürgen Urban, del sindicato alemán IG Metall y miembro de Attac, dice que “la izquierda ha tenido razón” con las predicciones de los impactos de la economía financiera, “pero ahora estamos un poco desamparados”. Faltan los modelos sociales alternativos. Para Susan George, del Transnational Institute (TNI), es urgente que los movimientos sociales pongan en la agenda de la opinión pública las crisis que los medios de comunicación masivos y los Gobiernos han invisibilizado con la crisis financiera, como las desigualdades sociales, la crisis alimentaria y el Cambio Climático. “No tenemos otra posibilidad que hacer posible la justicia climática”, constata Meena Raman de Amigos de la Tierra Internacional. “Tenemos que conseguir reducciones domésticas de emisiones de gases de efecto invernadero en los países industrializados sin títulos compensatorios de emisiones” y “exponer la hipocresía de la Unión Europea en las políticas climáticas”, añade la representante del Third World Network en Ginebra, que se muestra optimista: “es un gran momento para los cambios y el activismo político”.

En Asia también se preparan acciones en torno a esa semana. Walden Bello, economista filipino y miembro de Focus on the Global South, opina que el “G20 no está legitimado para discutir el orden multilateral, sino la ONU”, además “revitalizar el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) es el camino erróneo”. Lo que la UE tiene que hacer, dijo Bello en un debate con la Comisión Europea, organizado el pasado 17 de marzo por el Transnational Institute en Bruselas, es “cancelar la deuda externa de los países del Sur, trabajar a favor de una conferencia de la ONU para un nuevo orden multilateral, congelar la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y las negociaciones de Tratados de Libre Comercio, apoyar las respuestas regionales a la crisis y detener el hostigamiento y las deportaciones de migrantes”. Aehwa Kim, de la Korean Alliance of Progress Movements informa que la Confederación Coreana de Sindicatos celebra el 28 de marzo en Seúl una manifestación contra las políticas neoliberales del gobierno y del G20.

Según Trevor Ngwane, del Soweto Electricity Crisis Committee (Suráfrica), “tenemos seis mil millones de razones para mejorar los derechos de las personas normales”. Luchar contra la crisis “es desafiar las privatizaciones donde la gente las sufre”, subraya. “En los antiguos barrios de la Apartheid, estamos luchando por las necesidades básicas, tales como agua, electricidad, educación y comida, y las 'grannies of Soweto' (abuelas) han conseguido sacar a la multinacional francesa Suez de la gestión del agua, que hoy vuelve estar en manos publicos”, añade Ngwane.

También en EEUU, donde hay casi 20.000 despidos cada día, habrá protestas como la marcha a Wall Street, el 3 y 4 de abril, en el aniversario del Día de Martin Luther King -quien dio su vida para luchar por justicia económica y social-, con esta reivindicación: “Paremos el Negocios como siempre. Cuenta a los banqueros de Wall Street: Estamos hartos y cansados de que billones de dólares se vayan a los bancos y unos pocos peniques sean para la gente. ¡Demandamos empleos ya!”. La movilización reivindica además la Employee Free Choice Act (la Ley de Libre Elección del Trabajador), que facilitaría que los trabajadores se afilien a sindicatos. Asimismo hay una campaña “Dile al Secretario de Estado del Tesoro qué siente tu corazón” de la red contra la deuda externa Jubilee USA. Con mensajes personalizados, sobre todo de niñas/os, quieren “sensibilizar” al Gobierno de Obama que no olvide al Sur Global.

Como en casi todas las convocatorias, se constata la exigencia de regular democráticamente los mercados y el capital financiero. Sin embargo, no está claro si el objetivo es una “economía global de mercado más ecológica y social” o un cambio de sistema. “Es preciso, pues, dar un giro profundo en la orientación de nuestro futuro”, explica Ramón Fernández Durán de Ecologistas en Acción, “lo cual sólo será posible a partir de multitud de procesos de pequeña escala, desde abajo, que vayan contra la lógica dominante”. “En definitiva, se trataría de frenar el crecimiento económico e impulsar un decrecimiento controlado, reduciendo poco a poco el ámbito de la economía monetaria, recuperando el control social del dinero, sometiendo el mercado a la sociedad, desmantelando los grandes conglomerados empresariales, y estableciendo el control del trabajo sobre unos procesos productivos, rompiendo con la lógica del beneficio y de la mercantilización y acumulación constante”, explica Durán.

La última convocatoria contra el G20, el pasado 15 de noviembre, no ha sido tan masivo como las manifestaciones contra la guerra de Iraq en 2003, pero en el seno de los movimientos sociales se está discutiendo estrategias comunes para una nueva ola de desobediencia civil. Reforzado por el Foro Social Mundial de Belém, surgen múltiples convocatorias para denunciar y promover acciones contra las medidas de las élites políticas y el poder económico ante la crisis financiera. Y, tanto a nivel mundial, europeo como estatal, se están dando pasos importantes de coordinación y convergencia entre diferentes sectores sociales y políticos. Incluso, surgen nuevos espacios locales, como l’Assemblea Que la Crisi la Paguin els Rics de Catalunya (www.noalacrisi.cat) o la Red Anticapitalista de Galicia, y muchos foros sociales locales reanudaron su actividad para buscar respuestas a la crisis. Hace falta, sin duda, la máxima confluencia entre las diferentes organizaciones, redes y campañas. Como se hizo, por ejempo, en la movilización contra la cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle (EEUU) hace 10 años, cuando decenas de miles de manifestantes fueron capaz de bloquear, retrasar y influenciar aquellas negociaciones comerciales. En la actual situación de desesparación y crispación social, no tardarán en rebelarse –de forma masiva- los afectados, como desempleados, agricultores, inmigrantes o trabajadores, para exigir medidas contra los impactos de la crisis. Y, entonces, será necesario haber tejido alianzas sociales amplias. La crisis económica mundial es “una oportunidad histórica de transformación”, como bien resume la declaración con ese título redactada durante el 7º Foro de los Pueblos Asia-Europa en Pekín en octubre de 2008, pero hacen falta muchas respuestas unitarias para no “ceder este momento a grupos fascistas, populistas de derecha o xenófobos, quienes seguramente intentarán aprovecharse del miedo y de la cólera de la gente para sus fines extremistas y reaccionarios”.

En el Estado español

Varias decenas de movimientos sociales, partidos políticos y organizaciones sindicales se vienen reuniendo desde octubre de 2008 a nivel estatal (http://vscrisis.wordpress.com) y local. En Barcelona y Madrid (bajo el lema “No pagaremos vuestras crisis capitalistas. ¡Es hora de cambiar!), han decidido convocar a la ciudadanía a manifestaciones unitarias el sábado 28 de marzo, coincidiendo con otras similares en otras ciudades.

Crisis ecológica y alimentaria

En muchos lugares se vinculará las protestas contra el G20 con la lucha contra el cambio climático, la defensa del territorio y la Soberanía Alimentaria. Así, la Vía Campesina (http://viacampesina.org), moviliza mundialmente el próximo 17 de abril, “por los derechos de los campesinos y las campesinas” y “para oponernos a los acuerdos de libre comercio en África y en el resto del mundo”. Por otra parte, ha tenido lugar recientemente en Copenhague una reunión para seguir coordinando las movilizaciones internacionales, en los preparativos hacia, durante, y después, de la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU en la capital danesa, especialmente durante el Día de Acción Global el 12 de diciembre de 2009. En la declaración “¡Justicia climática ahora! ¡No a las ilusiones neoliberales, si a las soluciones de los pueblos!” de la Asamblea por la Justicia Climática en el Foro Social Mundial, se remarcó que “frente a los intereses deshumanizados e impulsados por el mercado de la elite global y el modelo dominante de desarrollo basado en un crecimiento y consumo interminables, el movimiento por la justicia climática reclamará los bienes comunes, y pondrá las realidades sociales y económicas en el corazón de nuestra lucha contra el cambio climático”. Todo ello con la idea de “desenmascarar las falsas soluciones, alzar las voces del sur, defender los Derechos Humanos, y fortalecer la solidaridad”.

Acciones sencillas contra la evasión de impuestos

El cómico inglés, Mark Thomas, organizó recientemente una protesta ante el edificio del Ministerio de Hacienda en Londres animando a los funcionarios de ocupar el inmueble y dejar de pagar alquiler porque su dueño evade impuestos. El gobierno inglés había vendido el edificio público hace años a una empresa financiera, con sede en Jersey, y que evade el pago de impuestos en el Reino Unido al gestionar sus cuentas en dicho paraíso fiscal -mientras el ministerio le abona, con dinero público, cada mes el alquiler por el uso de las oficinas en el edificio-.

Tom Kucharz. Ecologistas en Acción
Fuente: Kaos en la red

Movilización contra la crisis sistémica .28 de marzo 2009























¡ACUDE A LA MANIFESTACIÓN EL 28 DE MARZO A LAS 18.30 HORAS DESDE LA PLAZA DE LA CRUZ ROJA DE MURCIA!


¡OTRO MUNDO ES POSIBLE!
¡OTRO CAPITALISMO, NO!

Manifiesto

NO PAGAREMOS VUESTRAS CRISIS CAPITALISTAS.

ES HORA DE CAMBIAR

Exigimos responsabilidades a los actores que han provocado esta crisis económica y humana: la banca, las multinacionales, las finanzas y sus instituciones internacionales, con la complicidad de gobiernos y partidos políticos que los han apoyado. Exigimos a las cúpulas sindicales que den un giro radical a sus estrategias, para ponerse por fin al lado de la ciudadanía que sufre los estragos de la crisis, e impulsen la movilización y organización sociales.


Luchamos por arrebatar el poder económico a las finanzas, la socialización de la banca, la erradicación de los paraísos fiscales y el control social de los mercados financieros. ¡La economía al servicio de los pueblos y las personas!


Luchamos por hacer efectiva la sostenibilidad. Exigimos detener la sobreexplotación de los recursos naturales y energéticos y frenar el cambio climático.


Luchamos por la reducción drástica de las injusticias y desigualdades sociales en el Norte y en las relaciones Norte-Sur: menos crecimiento y más reparto (renta básica de ciudadanía, reforma fiscal que garantice un sistema tributario progresivo y redistribuidor de la riqueza, abolición de la deuda externa de los países empobrecidos, fin de los tratados de libre comercio, de las políticas de liberalización del comercio de bienes y servicios y del expolio de las multinacionales).


Luchamos por garantizar un trabajo y unas condiciones laborales dignas para trabajadores y trabajadoras: no a las políticas de destrucción de empleo (como los ERE), alto a la explotación e indefensión laboral, mejora de la protección social y recuperación de los derechos laborales destruidos.


Luchamos por la defensa y la ampliación de los servicios públicos: basta ya del saqueo de la sanidad, la educación, el territorio, el agua… Reversión de los servicios públicos ya privatizados.


Luchamos por que la vivienda deje de ser un bien de inversión especulativa y retome su función social de alojamiento: por un cambio de modelo social de la vivienda en propiedad a la vivienda pública en alquiler, terminando definitivamente con la locura insostenible del ladrillo.


Luchamos por la igualdad efectiva de derechos y oportunidades de todas las personas, sea cual sea su origen, cultura, nacionalidad, religión o sexo. No hay personas de segunda categoría. ¡No a la criminalización de las personas inmigrantes!


Luchamos por un mundo en que las personas escojan su futuro sin estar presionadas por las estructuras patriarcales. Queremos relaciones basadas en la solidaridad y no en la dominación, la competitividad y la violencia.

Attac-Tv. Informativo


Attac-Tv. Informativo
Declaración de París.
Primera reunión de movimientos sociales europeos en París, con el objeto de consensuar acciones ante la crisis sistémica actual.

martes, 17 de marzo de 2009

Un ejemplo sencillo y clarificador


"Plan del gigante asegurador American International Group (AIG ) de repartir entre sus ejecutivos 165 millones de dólares en pagas extra, tras haber recibido 170.000 millones en ayudas que han salido del bolsillo de los contribuyentes y que le salvó del colapso"

Noticia recogida en diferentes medios de comunicación.

Nota de la redacción: Sobran comentarios

sábado, 14 de marzo de 2009

La AECP apoya las movilizaciónes del 28 de marzo en contra de la reunión del G-20 en Londres

Comunicado de la Alianza Española Contra la Pobreza
A raíz de la convocatoria realizada a nivel mundial en el Foro Social Mundial de Belem (Brasil) y en el marco de la Semana de Acción Global (28 de marzo al 4 de abril), el próximo sábado 28 de marzo tendrán lugar diferentes movilizaciones de reivindicación por la reunión en Londres de altos representantes de los gobiernos del conocido como G-20.

La Alianza Española contra la Pobreza, que agrupa a numerosas organizaciones y colectivos sociales, incluyendo ONGD, organizaciones ecologistas, sindicales, juveniles, feministas, religiosas…; hace suyas las convocatorias que se han realizado desde distintos foros para el 28 de marzo, haciendo un llamamiento a los gobiernos del G-20 para que aprovechen esta oportunidad y aceleren sus esfuerzos para poner fin a la pobreza y las causas que la generan, se comprometan con la justicia económica global e impulsen las acciones necesarias para cumplir y superar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el año 2015.

La Alianza considera que esta crisis económico-financiera, agravará aún mas la situación de los mas empobrecidos y nos alejará del objetivo de erradicar la pobreza extrema en el mundo, compromiso adquirido por los 189 Jefes de Estado y de Gobierno reunidos al amparo de Naciones Unidas en el año 2000, cuando se comprometieron a cumplir los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año 2015.

Consideramos un error que el marco de discusión, propuestas y resoluciones no sea las Naciones Unidas; y que sea el denominado G-20 quien diseñe estrategias interesadas, dejando fuera de este foro de discusión a la gran mayoría de los países, marginando la voz del conjunto de los pueblos. Por ello, pedimos que en el seno de la reunión de Londres se impulsen los siguientes cambios:

  • La erradicación de la pobreza mundial y de la desigualdad como máxima prioridad política en estos momentos de crisis.
  • El compromiso de que todos los “planes de salvamento” estén sujetos a estrictas condiciones ambientales y sociales que conduzcan nuestra economía hacia un nuevo paradigma basado en la satisfacción universal de las necesidades básicas en paz con el planeta y no en la acumulación y el crecimiento constante.
  • La toma de medidas concretas y contundentes en la lucha contra los paraísos fiscales y otras fórmulas de evasión fiscal, incluida la obligación a que acaten estrictamente las normas internacionales.
  • Un compromiso firme por el trabajo digno para toda la población y la exigencia del cumplimiento de los principales convenios de la OIT.
  • La cancelación de todas las deudas de los países empobrecidos, especialmente aquellas consideradas ilegítimas.
  • El compromiso de que todos los países miembros de la OCDE y del G-20 acuerden un calendario para alcanzar el 0,7% de la renta nacional destinado a ayuda oficial al desarrollo; y que esta ayuda sirva realmente para la erradicación de la pobreza, sin crear nueva deuda externa ni se desvíe a otros fines.
  • Acción coordinada de los países enriquecidos y empobrecidos para salir de la recesión bajo un modelo que satisfaga universalmente las necesidades humanas en paz con el planeta y desde la perspectiva de lo público.
  • Garantizar que todos los gobiernos den prioridad a la financiación en el gasto que va destinado a cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
  • Regulación del sistema financiero internacional y creación de los organismos de supervisión y control que garanticen que no crea más desigualdades en el planeta.
  • Garantizar una atención particular para identificar y responder a las necesidades específicas de las personas más afectados por la crisis financiera y económica, en particular las mujeres y comunidades marginadas. Así como su participación efectiva en los espacios de toma de decisiones respecto a la crisis.
  • La apuesta por construir una Economía Verde, es decir, que centre la producción y el en criterios racionales y sostenibles, que renuncie al crecimiento como máxima y que base su obtención de energía y de recursos en fuentes renovables.
  • Garantizar el control democrático de la economía.
  • Aumentar la inversión y fortalecer la prestación pública de servicios esenciales.

Por todo ello, nos sumamos a las personas, los colectivos y asociaciones que reclamarán y harán suyas, a través de movilizaciones en numerosas ciudades, otras soluciones y otros planteamientos de cara a la próxima reunión del G-20 en Londres.

viernes, 13 de marzo de 2009

Rebeldía en horas bajas

Una de las cosas que más llaman la atención de las personas sensibles, al valorar lo que está ocurriendo en el mundo durante los últimos meses, es el enorme desfase existente entre la dimensión de la crisis y la tibieza de la respuesta de los sectores sociales particularmente golpeados por la misma. Este desfase resulta tanto más llamativo cuanto que, desde hace más de diez años, han sido numerosas las voces que se han alzado para proclamar la insostenibilidad del modelo neoliberal dominante. Además, muchas de estas voces no eran sólo críticas del neoliberalismo y del capitalismo salvaje, sino que hicieron propuestas alternativas que movilizaron a otras muchísimas personas en todo el mundo. Ahora, en cambio, parece que hayamos entrado en un estado de necesidad: se habla muy poco de estas propuestas alternativas y las movilizaciones altermundialistas han decaído de forma alarmante.

Supongo que eso es lo que hay en el fondo de tantos y tantos recurrentes chistes sobre las nacionalizaciones en curso, sobre el retorno de Marx, sobre lo que la gente dice querer y hace realmente y sobre los silencios del altermundialismo. Tal vez el más negro de todos los chistes sobre el abismo existente entre la profundidad de la crisis y la tibieza de la respuesta de los críticos sean las palabras que El Roto ponía en boca de su barbudo personaje el pasado martes 10 de marzo: “Yo era profundamente anticapitalista, pero cuando vi cómo se derrumbaba, sin dudar un instante, corrí en su ayuda”.

¿Es una ocurrencia así, como suele decirse, desmovilizadora, paralizadora de la voluntad de los que deberían ser sujetos activos ante la crisis? ¿Contribuye a acentuar y agudizar este estado de necesidad en el que, al parecer, estamos? No necesariamente, creo yo. La reflexión humorística y paródica, cuando apunta bien
–por negra que sea, y es el caso–, puede contribuir a desvelar verdades de Perogrullo que, por serlo, se ocultan u olvidan con demasiada frecuencia. Se puede hablar en serio desde ahí y prospectar una salida alternativa a la crisis desde la óptica del “profundamente anticapitalista”. Eso sí, a condición de dar la vuelta al chiste y no aceptar el estado de necesidad.
Vale la pena intentarlo porque, para empezar, se necesita otro estado de ánimo. Hay un refrán castellano que viene a cuento. Dice así: “No puede ser el cuervo más negro que sus alas”. Con él, otro humorista grande, Mateo Alemán, daba a entender que, tras un gran mal, los que vinieran serían llevaderos o, en cierto modo, menores. Es lo que corresponde al optimismo de la voluntad que acompaña al pesimismo de la inteligencia de los de abajo. Nunca sabemos del todo lo que el capitalismo es o puede llegar a ser. Pero hemos visto muchas veces las alas del cuervo y parece que, efectivamente, el cuervo mismo no puede ser más negro que sus alas.

Para que este cuervo, al que quieren convertir en ave fénix, no acabe resultando ahora más negro que sus alas, convendría escuchar lo que decía el anticapitalista altermundialista El Roto, en vez de prestar atención a sus jeremiadas en el estado de necesidad. Querría subrayar aquí una de las cosas dichas, porque es básica para saber orientarse en la crisis.
En el capitalismo, las crisis han sido siempre una oportunidad para que el capital reestructure y reorganice sus relaciones con el trabajo. Dicho en plata: ocasión para hacer pagar a los trabajadores, a los de abajo, los efectos y consecuencias más negativas de la situación creada. No es que el capital busque intencionadamente la crisis para ello. Es que el capital busca sacar tajada de la crisis económica y financiera para someter aún más férreamente a la fuerza de trabajo. Lo ha hecho siempre así y no hay razón para pensar que vaya a dejar de hacerlo en esta combinación de crisis interrelacionadas que estamos viviendo ahora.

Basta con prestar atención a lo que están diciendo y escribiendo los principales representantes del empresariado y sus ideólogos para comprobar que también ahora la ocasión la pintan calva: donde ayer decían que el Estado tenía que ser mínimo, ahora tiene que ser máximo (ayudando directamente a reflotar bancos y grandes empresas); donde ayer exaltaban el librecambismo, hoy se dejan ir al proteccionismo; donde ayer propugnaban flexibilidad en las relacionales laborales, hoy quieren que el Estado decrete el despido libre.
Las personas desinformadas tal vez se sorprendan de la cantidad de discursos que hoy se escuchan sobre lo necesario que es “refundar” el capitalismo. Pero, a poco que uno quiera informarse, se dará cuenta de que la refundación del capitalismo es precisamente el eslogan que sigue siempre a la crisis y que ha augurado siempre la utilización de la crisis desde arriba. Previsiblemente, en los países que han hecho de locomotora del capital habrá concesiones político-jurídicas; en los vagones de tercera no habrá ni eso y estará en peligro hasta la democracia demediada que conocemos.

Sí: eso es lo que nos enseñan ciertos intelectuales “profundamente anticapitalistas”. Y hay que escucharles, porque sabían de qué hablaban antes de que entráramos en el estado de necesidad. Y luego habrá que atender también a las razonables medidas alternativas que proponían: condonación de la deuda de los países empobrecidos; tasar los intercambios financieros y comerciales especulativos; redistribuir la riqueza para acabar con las desigualdades sociales flagrantes; renta básica de ciudadanía; cambiar los tiempos de trabajo y cuidado para favorecer la igualdad entre hombre y mujeres; soberanía alimentaria y energética; sostenibilidad ecológica en serio; reformar democráticamente la ONU; fomentar la democracia participativa… De todo esto, y de cómo llevarlo a la práctica, habrá que hablar con más concreción. Pero, si no se tiene eso ya en el horizonte, es de temer que más de uno acabe creyendo que el cuervo es más negro que sus alas.

Francisco Fernández Buey es Catedrático de Filosofía Política en la Universidad Pompeu Fabra

Fuente: Público


miércoles, 11 de marzo de 2009

La izquierda en la crisis: ¿Despistada o a la deriva?

El mundo está inmerso en una gravísima crisis sistémica, cuyas manifestaciones tienen el denominador común de crecientes desigualdades e injusticias sociales, y en cuyas raíces subyace una violencia estructural basada en la preeminencia absoluta de los beneficios monetarios privados a costa de valores como la soberanía alimentaria, la conservación de la Naturaleza, el acceso igualitario a recursos minerales y energéticos y el respeto a otras formas no hegemónicas de organización social diferentes a las del capitalismo neoliberal.

Con el término “izquierda” me referiré a los movimientos sociales y políticos entre cuyos objetivos prioritarios figura la reducción de las desigualdades sociales, el desmantelamiento de las concentraciones de poder en manos privadas y la consecución de la paz sobre la base de la justicia social (no a través del militarismo ni el belicismo). ¿Qué medios deberían utilizar dichos movimientos para perseguir los objetivos anteriores? Preferentemente la participación y actuación decisiva de la sociedad civil y del Estado a través de políticas públicas, tanto en el ámbito de los tradicionales estados-naciones como en el marco de organismos de carácter internacional.

La primera sorpresa que podemos llevarnos es constatar que, de acuerdo con los objetivos reales que persiguen, y lo que es más importante, los medios que utilizan para ello, determinados movimientos que convencionalmente se han considerado de izquierda, no quepa calificarlos como tales. Pero no es éste el tema que ahora nos ocupa. Además, cuando hablamos de izquierda tenemos que hacer una distinción adicional según se trate de planteamientos de los partidos políticos en el poder, en la oposición y los colectivos sociales, hasta el punto de que muchas veces, los programas y la acción de cada uno de ellos pueden diferir sustancialmente. Así, cabe constatar un serio problema de unidad de acción en el seno de “las izquierdas”, que son incapaces de ponerse de acuerdo en lo “básico”, lo cual no tendría que ser incompatible con la pluralidad del pensamiento que es otra de sus señas de identidad.

Lo que más llama la atención sobre cómo el Gobierno de España está gestionando la actual crisis es la incoherencia de las medidas adoptadas respecto de sus principios ideológicos socialistas , así como el no haber puesto en marcha un diálogo social ampliado más allá del tradicional entre Gobierno, patronal, sindicatos y banca, a pesar de tratarse de una crisis peculiar tanto por su globalidad como por la novedad de sus causas y consecuencias. A continuación se abordan algunas de las políticas aplicadas antes y después de la crisis, para valorar si al definir las mismas se han tenido en cuenta las distintas sensibilidades de los movimientos de izquierdas o si por el contrario, las inquietudes y las acciones siguen dispersas, despistadas o a la deriva, cada una en “su mundo”.

1) El acceso a la vivienda: germen de la crisis financiera y cadena perpetua a la sumisión. Los partidos políticos de izquierda en los gobiernos central, autonómicos y locales no han hecho nada para reducir la presión creciente a que se ha sometido la burbuja inmobiliaria desde hace más de una década. Y ello a pesar de que ha habido tiempo más que suficiente para frenar una dinámica constructora desbocada por la especulación financiera y aderezada de corrupción política en demasiados casos. Ello ha supuesto una concentración de poder en las entidades bancarias, materializado en el derecho a percibir un mayor porcentaje de las rentas de las familias por un período de tiempo más largo, lo que supone una fuente segura de beneficios empresariales. Antes de la explosión de la burbuja, la misma ha reportado beneficios ingentes a empresas promotoras y constructoras, que han utilizado para tomar posiciones en sectores estratégicos como el energético, y que ahora rápidamente se declaran en quiebra y proceden a despidos masivos de trabajadores/as de muy difícil recolocación a corto plazo.

Por su parte, la otra izquierda, la de los movimientos sociales de base, altermundistas y radicales en su empeño por evitar la marcha atrás en los derechos sociales, viene clamando en el desierto por una vivienda digna, pero no al precio de uncirse de por vida el yugo financiero de la hipoteca, que favorece la reducción a la mínima expresión de las inquietudes sociales de las personas, afectas ahora al régimen financiero-especulador en la tarea de alimentarlo acrítica y puntualmente, desviando hacia el mismo la mayor parte de la renta familiar. Al igual que la sanidad, la educación y las pensiones, cada vez más colectivos plantean que la vivienda debería ser provista preferentemente por el Estado en régimen de propiedad pública y bajo fórmulas de alquiler, cortando así de raíz espirales especulativas que hasta ahora se han reproducido con la connivencia de los poderes públicos, el capital especulador y las clases medias-altas, y cuyos costes han sido repercutidos hacia las clases más desfavorecidas en forma de mayores precios de la vivienda y más esfuerzo para acceder a la misma.

2) La estrategia energética: flirteo con el gran capital versus nacionalización. El suministro de energía, por sus implicaciones sobre la calidad de vida, es un asunto que debiera ser prioritario para la política pública. Y así ha sido, efectivamente, pero no para mejorar su control social y democrático, sino para favorecer concentraciones empresariales atendiendo a criterios de amiguismos políticos. Baste recordar cómo acabó la guerra por el control de ENDESA y la que se avecina a vueltas con quién controlará REPSOL. Un Gobierno verdaderamente de izquierdas hubiera sido sensible a una mayor intervención del Estado en el ámbito económico-energético, defendiendo una causa que hoy sólo apoyan movimientos sociales como los ecologistas y altermundistas.

Precisamente en tiempos de crisis resulta más fácil desplegar medidas de política económica tendentes a la nacionalización de grandes empresas energéticas, ya que su precio de mercado es más bajo, se cuenta con una opinión pública favorable a la intervención pública (incluidos los sectores más rancios del neoliberalismo económico que han llegado a pedir “un paréntesis” en la economía de mercado) y, además, se trata de sectores con capacidad para generar beneficios monetarios, por lo que en el caso que fueran de titularidad pública, permitirían aumentar los ingresos del Estado con el fin de mejorar los servicios públicos.

Mientras tanto, industrias amables con el medio ambiente y básicas para la reconversión energética que pide a gritos la conservación de la Naturaleza, generadoras de empleo en un entorno de paro masivo como el que nos rodea, corren peligro de quedarse raquíticas o de venirse abajo cuando apenas han echado a volar. Valgan como ejemplo las diferentes industrias ligadas a la energía solar fotovoltaica, porque los responsables del Ministerio de Industria y Energía, con la nueva regulación del sector fotovoltaico, han rebajado significativamente el apoyo público a la generación de este tipo de energía. Los muchos “rescates prioritarios” que se avecinan y los maltrechos ingresos fiscales estarían detrás de la negativa a seguir incentivándolas como hasta ahora. Pero por otro lado, paradójicamente, el Gobierno de España y muchos autonómicos, tanto de izquierdas como de derechas (aquí se iguala el pragmatismo de ambas opciones políticas en las tareas ejecutivas), no paran de renunciar a ingresos impositivos vía reducción y/o eliminación de impuestos directos que favorece principalmente a las rentas altas (IRPF, Patrimonio, Sucesiones y Donaciones).

3) ¿Qué plan de rescate público necesitan entidades financieras que están a la cabeza en el ranking mundial de beneficios? Una parte de la izquierda española, la que detenta el Gobierno Central, ha establecido un plan de rescate para las entidades financieras. Para ello se articula la compra de ida y vuelta de activos financieros en manos de las entidades bancarias, con el fin de facilitarles liquidez por un importe de hasta 50.000 millones de euros, y menos mal que hablamos de uno de los sistemas financieros más solvente del mundo. La medida se toma después de mantener una reunión con los representantes de los grandes bancos de este país, es decir, entre los que deciden el gasto (el Gobierno) y los que se benefician del mismo (los bancos), “olvidando” invitar a este proceso de toma de decisión tan “extraordinario” a quienes financiarán dicho gasto a través del pago de impuestos, es decir, a los contribuyentes organizados en la sociedad civil.

Aunque se afirma que se adquirirá a entidades financieras activos de máxima calidad, para garantizar que, a través de ellas, la financiación llegue a empresas y ciudadanos, por el momento nada se sabe sobre cómo se piensan deslindar los activos “sanos” de los “contaminados” y qué plazo de tiempo se da para contrastar que la financiación llegue a familias y empresas y no se desvíe a “tapar” otros agujeros más o menos ocultos de las entidades financieras, o incluso a engordar sus beneficios. Las entidades financieras españolas obtuvieron unos beneficios de 20.000 millones de euros en 2007 y la mayor de todas ellas espera unas ganancias de 10.000 millones de euros en 2008, por lo que resulta paradójico que precisen de un plan de rescate como el que se ha puesto en marcha. ¿No se habrá confundido el Gobierno respecto a quién lo está pasando mal en esta “crisis”?. Al igual que el plan aprobado en EE.UU., más que de rescate habría que calificarlo de “botín de piratería”, fruto del abordaje y del saqueo consentido de las arcas públicas por parte del gran capital.

Y es que, todo pirata necesita un refugio. Para eso están los paraísos fiscales, que ni se denuncian ni se propone suprimirlos, a pesar de ser la piedra angular sobre la que descansa la estructura financiera internacional, además de refugio financiero de actividades delictivas de lo más variadas (evasión de impuestos, narcotráfico, contrabando de armas, tráfico de personas, terrorismo). En la Declaración de la Cumbre de Washington, suscrita por el Gobierno de España, se los denomina eufemísticamente como “jurisdicciones no cooperadoras y poco transparentes”, como si la cooperación y la transparencia hubieran sido la enseña del marco financiero que acaba de derrumbarse.

4) La política monetaria y la política fiscal: la inflación y la estabilidad presupuestaria como excusa; la asfixia financiera de familias y PYMES y el aumento de las desigualdades como resultado. Desde hace un año y medio, los principales Bancos Centrales del mundo están inyectando liquidez a las entidades financieras para paliar la “crisis de confianza” que existe entre éstas. Sin embargo, dicha liquidez facilitada en condiciones preferentes no implica más concesión de créditos o mejora cualitativa de las condiciones de los mismos.

Tras el empacho de desregulación pública y de hipotecas privadas de los últimos años, seguir guardando en una urna instrumentos potentes de política económica resulta antisocial. En cuanto a la política monetaria marcada por los intereses del capital especulativo, por la brutal erosión de las rentas de tantas familias con hipotecas ante una evolución del Euribor al alza durante tres años continuados entre agosto de 2005 y agosto de 2008, generando así una redistribución de renta desde las familias a los bancos, bendecida legalmente por la regulación que la Unión Europea confía al Banco Central. En Europa, la política monetaria expansiva vía reducción de tipos de interés sólo se ha comenzado a instrumentar recientemente, con más de un año de retraso, favoreciendo así una crisis de la economía real más profunda. Los criterios “técnicos” del Banco Central Europeo para atajar presuntas tensiones inflacionistas de origen especulativo (precios del petróleo y de los alimentos) han prevalecido sobre los criterios políticos que aconsejaban mejorar la renta familiar y la inversión.

En lo referente a la política fiscal, el Gobierno de España habla de regresar a un keynesianismo muy particular. Por un lado, se propone la reducción de impuestos pero sin señalar cuáles. Por otro lado, aunque no se dice, será preciso un mayor gasto público para atender las prestaciones de desempleo de los/as trabajadores/as que están perdiendo y perderán su puesto de trabajo.

Además, como la actividad económica retrocede por que ya se ha entrado en recesión (crecimiento económico negativo), los ingresos fiscales se reducirán aunque se mantuvieran los tipos impositivos. Y por último, se anuncia un paquete de medidas para estimular la inversión pública. ¿Cómo se piensa alcanzar la sostenibilidad fiscal (el equilibrio presupuestario) que se establece como meta en la Declaración de la Cumbre de Washington? ¿Por qué no se habla abiertamente de incurrir en déficit público para financiar gastos sociales y servicios e inversiones públicas en infraestructuras destinadas a los colectivos más desfavorecidos?.

5) El Gobierno de España pide silla sólo para él en la Cumbre de Washington, entrando en la lógica de que unos pocos decidan por todos. Y es que, cuando se trata de evaluar el desmoronamiento del sistema neoliberal, así como de sentar las bases de otro que lo supere, sería conveniente que en dicho proceso hubieran participado todos los pueblos de la Tierra en el marco de una conferencia auspiciada por Naciones Unidas. Sin embargo, la Cumbre de Washington ha sido convocada por Estados Unidos, la potencia militar y económica que ha conducido al actual “desorden mundial”, y más allá de los países con mayor PIB y/o renta per cápita del club de los más enriquecidos, sólo se ha ampliado el círculo para contar con las llamadas potencias económicas emergentes. ¿Quiénes han defendido y planteado en la Cumbre los intereses y los problemas de esa tercera parte de la población mundial ausente y, en particular, la de los pueblos empobrecidos y saqueados de África y el Magreb, Oriente próximo y Oriente medio, Asia Central o América Latina?.

Ahora más que nunca, la izquierda debería abogar por la puesta en marcha de un proceso incluyente, que incorpore la participación activa de todos los gobiernos del mundo, los representantes de la sociedad civil y los movimientos sociales en los foros de debate y decisión que deben abrirse en los próximos meses, con el fin de articular las demandas sociales, señalando a la ciudadanía y a los decisores públicos los caminos que entendemos ya están agotados así como las sendas que están por transitar en la búsqueda de alternativas.

6) Ante la crisis, el Gobierno de España y los sindicatos de clase mayoritarios no cuestionan el paradigma económico neoliberal productivista y consumista. Día tras día, conforme van viendo la luz diferentes medidas frente a la crisis, el Gobierno de España sigue planteando el objetivo de restaurar el crecimiento económico en los términos en que lo ha entendido el sistema capitalista durante el último siglo, sin considerar como un grave problema el agotamiento de los recursos naturales y el aumento de los niveles de contaminación que están poniendo en peligro la continuidad de la vida sobre el planeta. Ante este inmovilismo sería necesario desarrollar y aplicar conceptos emergentes como el “decrecimiento” y “la satisfacción austera de las necesidades básicas”, conectando la conservación del medio ambiente con la reducción efectiva de la pobreza. Sin embargo, se continúan poniendo como guía los principios del mercado libre en la forma de eliminación de obstáculos al comercio y la inversión, favoreciendo así unas mayores desigualdades entre los diferentes pueblos de la Tierra.

El 15 de noviembre pasado se convocó una manifestación un tanto anónima a través de Internet contra la gestión de la crisis que estaban haciendo la mayor parte de los países enriquecidos. Muchos colectivos altermundistas y anticapitalistas salieron a la calle. Los partidos políticos y sindicatos de izquierdas con mayor número de militantes ni apoyaron la manifestación ni hasta el momento han convocado otra con objetivo similar. Han dejado absolutamente de lado la movilización y concienciación social como base de la acción política, incluso en momentos de crisis sistémica como en el que nos encontramos. Las élites dirigen, y como mucho, de cara a la galería, se monta un comité de expertos con algún premio Nobel de prestigio.

7) Ante este panorama, ¿dónde debería dedicar sus esfuerzos la militancia de izquierdas para ser más eficaz en la transformación profunda que exige la actual crisis sistémica?. Si algo positivo puede tener el actual momento histórico es el hecho de ayudarnos a despertar de este sueño feliz en el que nos encontramos inmersos en los países enriquecidos, constatando que el mismo es el reverso de una permanente pesadilla para la mayor parte de la humanidad. El nuevo orden que estamos obligados a buscar no puede pasar de puntillas por asuntos esenciales de las relaciones humanas como el papel de lo público y la organización de las fuerzas sociales.

Muchas personas que nos sentimos de izquierda reflexionamos sobre cuál es la plataforma comunitaria o colectivo más adecuado para dedicar nuestro esfuerzo en pos de llevar a cabo iniciativas que hagan de nuestro entorno local y global un lugar más agradable para la vida. Y aunque sabemos que la tarea es ardua y que las cosas no cambian de la noche a la mañana, tampoco estamos dispuestos a perder energías en experiencias de participación ciudadana que en nada transforman nuestro mundo, es más, que incluso ayudan a mantener y consolidar el statu quo.

Cada vez más se extiende el sentir de que organizaciones sociales históricas como partidos políticos y sindicatos mayoritarios, que en los últimos dos siglos han sido claves para la consecución de derechos sociales, económicos y políticos para todos/as, en los últimos tiempos se están convirtiendo en instrumentos al servicio del verdadero poder fáctico: el gran capital transnacional que devora el mundo.

Así, ante esta constatación, caben al menos dos posturas:

Seguir militando activamente en los partidos políticos y sindicatos pero incentivando, desde dentro y desde la base, cambios en su funcionamiento, que los hagan más democráticos internamente, preocupados de verdad por los grandes problemas de la humanidad (la pobreza, el deterioro ambiental, las guerras). Es decir, seguir en los partidos pero para impulsar alternativas radicales que puedan llegar a convertirse en mayoritarias en el seno de los mismos. Nuevos horizontes que favorezcan la participación desde la libertad, que sacudan las conciencias, y no premien la obediencia ciega ni el mirar hacia otro lado. La provocación leal y sincera no debiera molestar a nadie, y menos a dirigentes políticos de izquierdas. Los partidos no deberían trabajar para domesticar a sus militantes, simpatizantes y resto de la sociedad, sino para darles alas y todo el protagonismo que merecen, y que desgraciadamente ahora no tienen.

Salir de los partidos políticos y sindicatos (o seguir en ellos vegetando) porque entendamos que lo expuesto en el punto anterior es una quimera absoluta (ni siquiera una utopía), de ahí que lleguemos al convencimiento de que el otro mundo posible que queremos hay que construirlo desde otras plataformas de participación ciudadana distintas. Porque existe un férreo control interno en los partidos, que ahoga cualquier intento de cambio desde dentro, primando la autocomplacencia y los intereses personales. Porque cada vez más, estas organizaciones políticas y sindicales son rehenes de los poderes económicos transnacionales y de los medios de comunicación, que exigen favores en forma de políticas públicas que les beneficien por acción u omisión.

La duración y profundidad de la crisis va a ser clave para que el nuevo escenario que salga de ella consista en un simple lavado de cara del capitalismo neoliberal o bien devenga en nuevas formas de organización social, económica y política. La unidad de acción de las izquierdas será más factible cuanto peor se pongan las cosas… desgraciadamente. Pero sólo a través de esa unidad podrá articularse una respuesta con garantía de futuro… afortunadamente.

Gregorio López Sanz - ATTAC Albacete