viernes, 31 de agosto de 2012

En nombre de la mayoría absoluta

El PP está llevando a cabo con inusitada presteza lo que parece un cambio del modelo de Estado en España. Se apoya en la mayoría absoluta que otorgaron a Mariano Rajoy 10.830.693 ciudadanos, el 30,37% del electorado. Conviene recordar que con más porcentaje y más votos, Zapatero no la consiguió en los dos anteriores comicios.

No cabe poner en entredicho la legalidad del Gobierno del PP de acuerdo con nuestras leyes electorales, pero sí preguntarse –a la vista de sus actuaciones– si no está aplicando una mayoría “absolutista” para obtener los fines que persigue. De entrada elude a casi el 70% del electorado que no apostó por Mariano Rajoy. Tampoco da la impresión de pensar en cuántos ciudadanos se inclinaron por él creyendo –en el más estricto sentido de la palabra– que solucionaría la crisis. Lo más grave sin embargo es la torsión del propio concepto de democracia, no solo en actitudes, sino en leyes que se han puesto en vigor. 

Un Gobierno democrático ha de atenerse a normas y convenios de mayor rango que los resultados electorales. Para empezar, España es “un Estado social y democrático de Derecho”, según consagra el Artículo 1º de la Constitución. Social, no mercantil. Y por tanto asegura una serie de derechos a los ciudadanos.

El derecho a la sanidad, por ejemplo. Está recogido en la Constitución española, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y está declarado desde 2010 por la ONU –de la que formamos parte– “Derecho Humano esencial”. Pues desde este 1 de septiembre, el PP deja sin sanidad pública gratuita a más de 150.000 emigrantes y numerosos españoles que no cumplen los requisitos de una salud pagada en virtud de contratos de trabajo.

La reforma laboral tampoco parece ajustarse escrupulosamente a varios artículos constitucionales: el derecho al trabajo (artículo 35), el derecho a la negociación colectiva (artículo 37) o el derecho a la libertad sindical (artículo 28). El Gobierno –y su prensa afín– atacan en particular a los sindicatos.

Por muchos que sean sus errores, su labor también está avalada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 23.4: “Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”. En este sentido, que hayan dejado de ser vinculantes los convenios laborales en las negociaciones colectivas sitúa al trabajador en la indefensión ante el empresario. Agravada de día en día en el país que ostenta el récord de desempleo del mundo desarrollado.

Estamos viendo cercenado el derecho a la justicia con las leyes de Gallardón –que prácticamente reservan los recursos a las sentencias a los más ricos y que han sido protestadas por el propio poder judicial– o la supresión o restricción de los turnos de guardia de oficio en algunas comunidades autónomas. Asistimos atónitos a presiones gubernamentales para adoptar determinada postura como ocurrió para intentar salvar a Dívar. La separación de poderes es consustancial a la democracia.

Sería prolijo para un artículo enumerar lo que no es sino una actitud. ¿La que expresó en el Congreso de los Diputados el exabrupto de la popular Andrea Fabra? Recortes e incrementos nada inocentes. Copagos, merma de la ayuda a la dependencia y al desempleo, dificultad de acceso a la cultura como si ese valor esencial fuera accesorio, colegios segregados por sexo, discriminación de los alumnos en los comedores según su poder adquisitivo, pavor a las tecnologías de la información en los textos escolares, el aborto, la mujer tutelada de nuevo, la familia, la autoridad frente al diálogo… una vuelta al pasado, en definitiva, con fuertes tintes del capitalismo salvaje al uso. Un cambio del modelo social.

El flagrante asalto a las radiotelevisiones públicas que han vuelto a ser “de partido” y con destituciones arbitrarias debidas a la inquina personal de dirigentes del PP, como ha ocurrido con Ana Pastor en TVE.

Con una gestión económica nefasta hasta límites que ni los más críticos y conocedores de datos podían anticipar, con un país a las puertas de un segundo rescate, en el que todas las cifras económicas se desmoronan y pierden los ciudadanos calidad de vida y derechos en cascada, el PP se desliza por terrenos peligrosos en el modelo de Estado en el que está empecinado.

Y, además, la agenda del presidente como secreto inviolable. Comparecencias parlamentarias –de Rajoy y de todo su equipo– que son sistemáticamente rechazadas por la mayoría absoluta. O la ausencia de auténticas entrevistas periodísticas y ruedas de prensa.

Hemos visto inducir conceptos perversamente erróneos que no parecen basados solo en la ignorancia, al asegurar varios miembros del partido gobernante que “la soberanía popular reside en el Parlamento”, según atestigua el vídeo, por ejemplo, de la ministra Fátima Báñez. Es en el pueblo donde reside, y las Cortes la representan.

Un Gobierno ha de gobernar, pero ¿hasta dónde llegan las prerrogativas de su mayoría absoluta? Si decidiera –que de ningún modo es el caso– abolir la propiedad privada, ¿sería legítimo también? Pues muchas acciones en la línea ideológica del PP asisten al mismo contrasentido.

El ensañamiento con los funcionarios del sector público por ejemplo, está destinado tan solo a privatizar servicios esenciales de este… Estado social que costeamos con nuestros impuestos, en beneficio de unos pocos.

¿Todo vale con las mayorías absolutas? Terribles ejemplos del pasado hacen temer que no. La relajación actual de los valores democráticos o la prioridad del pago a la especulación sobre las necesidades de los ciudadanos dibujan inquietantes escenarios. También se decidió la inclusión de esa prelación en la Carta Magna, sin más trámite, por la mayoría de PSOE y PP, en este caso juntos.

Es la inacción de la sociedad la que posibilita estas conductas desviadas de las que se convierte en cómplice. No basta con acudir a las urnas. Cuando creemos en fundamentos básicos de nuestra convivencia, como es el valor democrático del voto, hay que pensar en sus condicionantes. Nadie como José Luis Sampedro definió mejor lo que nos ocurre, yendo a las auténticas causas de la situación que nos está llevando al abismo:
¿Democracia? Es verdad que el pueblo vota y eso sirve para etiquetar el sistema, falsamente, como democrático, pero la mayoría acude a las urnas o se abstiene sin la previa información objetiva y la consiguiente reflexión crítica, propia de todo verdadero ciudadano movido por el interés común. (…)  Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”.

Vivimos tiempos muy duros que pueden llevar a perversiones indeseables. Leyes y factores por modificar, de forma apremiante ante el cariz de los acontecimientos. Pero cuando se ha incumplido el programa y las promesas electorales, cuando la palabra de Rajoy (y de su equipo) es papel mojado tras la lluvia de los hechos caída sobre él, y cuando asistimos al cambio de un modelo de Estado, lo mínimo que se le puede pedir a un partido democrático es que coteje en las urnas si ésa es la voluntad de la mayoría real y convenientemente informada. Nuevas elecciones. ¿Con este panorama político? Esa es ya otra historia que también habrá que contar.

Rosa Mª Artal
Eldiario.es

miércoles, 29 de agosto de 2012

Democracia y crisis social

La democracia es una forma de vida que habla en plural. Ser demócrata exige carácter, ser consciente de los actos emprendidos y asumir responsabilidades. Supone autocontrol. Un ciudadano no puede, por ejemplo, actuar de mutuo propio y bajo el concepto de propiedad privada contaminar las aguas, cambiar el curso de los ríos, talar bosques o en nombre del progreso expropiar las tierras comunitarias de los pueblos originarios. Tampoco disponer, bajo el ideario de la libertad individual, de bienes colectivos, privatizando los servicios públicos en pro de su beneficio particular y en detrimento de sus iguales.
 
La democracia porta un código, un ADN constituyente. Se trata de las formas de convivencia básicas. Un saber estar y saber vivir bajo el principio de coacción, el que no requiere una ley externa para comprender que su práctica es contraria al sentido común. Todos sabemos la diferencia entre actuar con honestidad o marrulleramente. No necesitamos recurrir al derecho penal o civil cuando aceptamos sobornos, usamos información privilegiada y damos favores saltándonos normas del decoro social. Somos conscientes de estar vulnerando la ética de la convicción democrática.

El acto democrático, cuando es generalizado, no conlleva reconocimiento social, ni premios, se ejerce sin esperar nada a cambio. Forma parte del quehacer cotidiano. En definitiva, la democracia, puede sintetizarse como un mandar obedeciendo. Por esta razón, capitalismo y democracia no hacen buenas migas. El capitalismo privilegia al individuo, el yo hasta la extenuación y por otro lado pide acciones de caridad y la aparición de héroes. Mecenas a los que agradecer su generosidad. Empresarios de éxito que donen una parte de su fortuna para la investigación del sida, Alzheimer u otras enfermedades. Bancos que otorguen becas a estudiantes, fundaciones que patrocinen museos e instituciones eclesiásticas que fomenten la caridad cristiana. Todo envuelto bajo el denominador común de ayuda a los necesitados, filantropía o altruismo. Lamentablemente, ninguno de los tres hace democracia ni fomenta la ciudadanía participativa, son limosna. Los restos de un festín al cual no todos están invitados. Más bien están excluidos.

Optar por un comportamiento democrático exige templanza. Valoración de consecuencias, autoestima, confianza y dignidad. Pensar en un nosotros. Cualquier decisión democrática nos compromete. No planteo que la democracia sea una forma de vida monacal, estoica o inmaculada. La virginidad social no es viable, ni tampoco aconsejable. Pero el comportamiento democrático tiene límites y es necesario respetarlos, de lo contrario su vulneración reiterada la niega en su esencia. Podríamos decir que tiene un punto de saturación, tras el cual el cambio de estado trae consigo un sin retorno. La democracia se corrompe, haciendo imposible su realización, convirtiéndose en un sinsentido. El sálvese quien pueda y el todos contra todos se convierte en el alma mater de actos adjetivados como democráticos, pero no lo son, convirtiéndola en un objeto imposible.

Los ejemplo sobran. El primero lo obtenemos del derecho a recibir una educación de calidad, pública y gratuita, es decir pagada por el Estado, levantada con el esfuerzo de quienes trabajan y aportan al erario público sus impuestos. Una persona analfabeta, sin memoria colectiva, ni historia, sin pasado, es la negación del hecho democrático. Pero también lo es llamar educación de calidad a la formación obtenida por los alumnos en centros privados, laicos o religiosos, que hacen de ella un negocio, convirtiéndola en una fuente de ingresos, donde su ideario y planes de estudios se adecuan a la lógica del sálvese quien pueda: competitividad, competitividad y competitividad. Las movilizaciones y la emergencia de nuevos movimientos estudiantiles poniendo en cuestión esta forma de entender la educación es una muestra fehaciente del fracaso del modelo. En Chile, cuna del neoliberalismo, la crisis es completa y no deja lugar a dudas sobre su ineficiencia.

Otro ejemplo lo constituye la libertad de expresión y prensa. En la actualidad, su práctica no trae una proyección democrática. No se trata de formar una opinión pública ilustrada con discernimiento y capacidad deliberativa en la lectura. En su lugar, aparece un sentido monopólico de lo conveniente y lo inadecuado para publicar y decir. La manipulación, la noticia falsa, el libelo, las verdades a media, los manuales de estilo, la censura, son el pan nuestro de cada día. No hay país donde no se den casos de falta de ética y vulneración de códigos deontológicos. La prensa ya no es libre, ni democrática y cuando lo es, mejor ahogarla. El control de la noticia, de los medios de comunicación acaban despidiendo a los buenos periodistas, llevándolos a la cárcel o incluso matándolos. Honduras, Colombia o México son buenos ejemplos en la región. Bien señala Arturo Barea, en La forja de un rebelde, un formidable análisis de la sociedad española de principios del siglo XX y la guerra civil, refiriéndose a la prensa y los medios de comunicación: Me enseñaron a leer, y después me enseñaron que no debía leer más que lo que ellos me dejaran. Así se corrompe la democracia, la libertad de prensa y de expresión.

Ser demócrata hoy en día es una pesada carga de la cual muchos desean liberarse. No es bueno ser amigo de personas críticas, cuyas palabras molestan, llaman a la reflexión y cuestionan el capitalismo salvaje. Peor resulta convertirse en uno de ellos, trae consecuencias nefastas para las arcas personales. Va contra los interese personales, es tirar piedras sobre el tejado de la casa. Mejor adoptar una doble moral, pero sin llamar la atención. Para conseguirlo se requiere cómplices y vivir sin remordimientos. Así se ha corrompido la democracia. El bien común, su fundamento, se volatiliza bajo el interés común o social, algo gelatinoso e imposible de definir, pero eficaz para mutar al ciudadano en consumidor y abandonar la práctica democrática.

Una de las frases emblemáticas del movimiento de los indignados levantada como símbolo de la crisis social del capitalismo neoliberal ha sido: lo llaman democracia y no lo es. El postulado se refiere a la paradoja de hablar y no practicar los principios democráticos. Y sin práctica la democracia se ve amputada de su inherente valor político. A cambio, se ofrece un sucedáneo para el consumo, la democracia de mercado. Invento para satisfacer las malas conciencias y los comportamientos más propios de dictaduras. Así, por defecto, la inexistente democracia de mercado cubre el expediente celebrando elecciones disque libres y democráticas y deja al desnudo lo abyecto de un orden de explotación totalitario, excluyente y desigual.

Marcos Roitmann Rosenmann
La Jornada

martes, 28 de agosto de 2012

Reflexiones sobre el 25 de septiembre

La calma agostera se termina. Después de un final de julio muy convulso, el parón estival parece estar sirviendo para recuperar fuerzas ante un otoño que apunta a una clara escalada en el descrédito de los gobernantes, es decir, un punto de no retorno en el proceso destituyente de lo que llaman democracia y no lo es. Todas las fuerzas serán necesarias.

Sin tener en cuenta la contestación espontánea a los nuevos recortes que seguramente el gobierno anuncie a principios de septiembre, lo cierto es que tenemos un mes atravesado por multitud de convocatorias importantes para los intereses de la ciudadanía: la entrega de firmas por la dación en pago y el alquiler social universal; las más que previsibles huelgas que coincidirán con el inicio del curso escolar en diferentes comunidades autónomas; la cumbre social del 15 de septiembre propuesta por los dirigentes de CCOO y UGT de cara a seguir manteniendo su presencia mediática; y la más que probable huelga general para el día 26 de septiembre (ya en marcha en Euskadi y Galicia). Pero la convocatoria que está generando mayor controversia y seguimiento en redes sociales es la del 25S y su llamamiento a “Ocupar el congreso”. Desde Madrilonia.org queremos aportar nuestra reflexión sobre lo que supone esta cita cuando se abren escenarios posibles para darle un último empujón a Mariano y al bipartidismo.

“Lo llaman democracia y no lo es” y “No nos representan” son los gritos que despertaron al 15M y que desde entonces se han venido repitiendo en cada manifestación. En los últimos quince meses hemos vivido las movilizaciones más intensas desde los años setenta. A las grandes concentraciones (15M, 19J, 15O, 12M) le han acompañado las mareas de educación, sanidad y distintos empleados públicos. Por si esto fuera poco, el movimiento se ha extendido; de sus orígenes en el Norte de África ha pasado a Europa a través de Sol y se ha convertido en global gracias a los “Occupy” que surgieron en EEUU. Pero es preciso reconocerlo: aunque es cada vez mayor el número de personas que participa en alguno de los conflictos abiertos, todavía no se ha obtenido ninguna victoria significativa en comparación con la capacidad de movilización y el gran apoyo social hacia los “indignados”. Ni se han detenido los recortes, ni se ha llevado a los tribunales a ninguno de los responsables políticos y económicos de esta gran estafa. Esto se debe a que el problema de la crisis es político, no económico. Los que manejan las instituciones no gobiernan para la gente, sino que obedecen a los intereses financieros al mismo tiempo que tratan de mantenerse como casta privilegiada.

Vivimos bajo una dictadura impuesta por las grandes agencias financieras, y ejecutada por dos agresivos gendarmes: el BCE y el gobierno alemán. En la cadena de mando europea, el gobierno español es sólo un mero intermediario: algo así como el gobierno de una comunidad autónoma que obedece a los recortes dictados por el gobierno central. Nuestro principal problema es la ausencia de democracia, y esto tanto a nivel local/estatal como europeo: mientras no recuperemos la capacidad de decisión no habrá posibilidad de impedir los recortes, liquidar la deuda ilegítima y avanzar en derechos. O dicho de otro modo, nuestro problema no es la escasez de dinero o bienes (la riqueza es gigantesca y está en manos de los mercados financieros) sino cómo se manejan los recursos.

Señalar al poder político es fundamental. Respecto al 25S, creemos que es una convocatoria no del todo bien planteada: es excesivamente ambiciosa en sus presupuestos sin aportar un plan más o menos creíble para conseguirlo (“Nos mantendremos en el Congreso hasta que el gobierno caiga”); se reconoce en tendencias netamente ideológicas (anarquismo, izquierda, comunismo, incluso reduciendo el 15M a una ideología) y nos ofrece ya un programa acabado como si, sencillamente, alguien lo fuera a poner en práctica. Y sin embargo, pensamos que es una cita necesaria porque declara de forma explícita que el problema es político y persigue escalar el nivel de movilización en este sentido. Señala al gobierno surgido del Parlamento, de hecho, a todo gobierno que surja del actual régimen constitucional. Un régimen que da carta blanca al ejecutivo para hacer lo que le venga en gana, sin tener que preguntar a la población, sin necesidad de que rinda cuentas aunque lo que haga no responda a su programa electoral, llegando a perjudicar seriamente la salud pública, acabando con la igualdad de los ciudadanos ante la ley, dejando a millones de personas sin ingresos o en condiciones laborales lamentables y reduciendo drásticamente las expectativas de toda una generación de jóvenes.

Pero, ¿qué puede ocurrir si el 25S «sale bien»? Por paradójico que parezca, el gobierno puede caer. Es tan frágil que cualquier nueva desestabilización puede llegar a tumbarlo. Otro episodio de subida descontrolada de la prima de riesgo, o incluso un nuevo ciclo 15M pero a las puertas del Congreso son quizás suficientes para que engrose la lista de los gobiernos más breves de la historia del país. La cuestión aquí no es que las movilizaciones tengan capacidad para poner otro gobierno. El recambio ya está pensado y seguramente pasará por alguna combinación de un gobierno tecnócrata a lo Monti y/o un gobierno de concentración nacional de PSOE-PP con apoyos condicionados de CIU y PNV. Si esto sucede, los grandes partidos estarán todos del mismo lado frente a la población y habremos acabado con la eficacia política del bipartidismo: ese régimen en el que el descontento con un determinado partido lo capitalizaba automáticamente otro de los grandes partidos, por el mero hecho de no haber estado en el gobierno, evitando una puesta en cuestión global de los grandes acuerdos de Estado. Pero incluso si el gobierno no cae, si se mantiene precariamente como hasta ahora, el 25S puede ganar. Bastará con que durante unos días, una semana, se fije en todo el planeta esta imagen: un parlamento cercado por decenas de miles de personas que exigen la dimisión del gobierno y la democratización del país y de Europa, esto es, el fin de la dictadura. La repercusión política será tan grande que seguramente el escenario político se verá de nuevo transformado.

¿Hay alternativa al 25S? Quizás otro 25S mejor preparado, mucho más incluyente y con objetivos más razonables. Pero cuando ya tenemos una convocatoria y todo un mes para prepararla, resulta mejor aprovecharla, aportando ideas y poniendo encima de la mesa la importancia de que la cita sea pacífica e inclusiva. Si el 15M y las diferentes mareas sociales en defensa de lo público no toman el 25S, seguramente resulte un momento tenso y sin la potencia suficiente. Recordemos el bloqueo al Parlament catalán como momento que provocó una fuerte criminalización por parte de las empresas de comunicación y los partidos políticos que fue desactivada gracias a la respuesta social del 19J. Si el 25S fracasa, tal vez podríamos vernos abocados a una repetición de convocatorias poco ambiciosas y sin demandas claras, o lo que es peor, asistir a la resurrección de Toxo y Méndez como oposición al gobierno y a los recortes. Nosotros tenemos claro que las cúpulas de UGT y CCOO estarían dispuestas a legitimar un gobierno PP-PSOE (el gran pacto de estado del que vienen hablando) siempre que se les tenga en cuenta y para ello necesitan recuperar, mediante las movilizaciones, parte del protagonismo y la legitimidad perdidas en las últimas décadas.

Si pensamos en el momento que estamos viviendo, deberíamos reconocer que la fase destituyente prácticamente ha concluido: casi todo el mundo sabe que el gobierno es un pelele de las fuerzas económicas que realmente mandan, la democracia se desvela como una plutocracia (gobierno de los ricos) en la que la gente común tenemos poco que decir y los bienes públicos aparecen como la finca privada de una clase política y una oligarquía económica que los utilizan a su antojo. La deslegitimación del régimen lo sitúa ante una posición de clara fragilidad, pero si no hacemos algo, si no aprovechamos la energía social que ha inundado las calles, no descartemos que se impongan el chantaje de los mercados y la mediocridad de la casta política. Ir lento no asegura continuidad. Ir lejos no depende solo de uno mismo.

Una pregunta asoma en el horizonte: ¿qué pasará después de que caiga el gobierno? ¿Cómo conseguir una democracia real, el fin del sistema de partidos tal y como lo conocemos, nuevas formas de decisión directa y organización de la vida en común? Eso es lo que tenemos que pensar: ¿cómo podemos decidir un nuevo ordenamiento político de forma democrática y construido desde abajo? ¿De qué forma una nueva Constitución puede superar a la antigua y sumar apoyos evitando los ataques del 1% que vive a nuestra costa? ¿Cómo se puede extender este proceso a escala europea, en tanto único nivel en el que es posible una democracia capaz de imponerse a la dictadura financiera?

La conclusión es clara: el reto actual pasa por lanzar un proceso verdaderamente democrático. Nuestras expectativas son que el 25S sea una demostración de fuerzas que ponga sobre la mesa la necesidad de un proceso deliberativo y vinculante. Dar un paso atrevido que active a miles de cerebros en un proceso constituyente que cuente con la participación del 99%. Y para ello, sólo el 15M, como red de redes, como grupos y como clima social, es capaz de liderar este proceso. Si no empezamos a dar respuestas a cómo ponerlo en marcha, quedaremos o bien a merced de los gestores profesionales de la protesta o bien atrapados en el rechazo impotente a lo existente y por lo tanto, en la criminalización y la represión. Sea como fuere, en la medida en que el 25S, apunta al principal obstáculo político (el actual ordenamiento constitucional), puede ser un buen comienzo si se toma como tal. Los cambios que se produzcan en España pueden trastocar la dictadura de las elites en Europa y abrir una resquicio para conseguir una democracia europea digna del tal nombre. We must go on!

Madrilonia.org

martes, 21 de agosto de 2012

Cómo funciona la desinformación

Hubo un tiempo, hace relativamente poco, en el que los gobiernos y los grupos de elites que los controlan no consideraban necesario alistarse en guerras de desinformación. 

La propaganda era relativamente inequívoca. Las mentiras eran mucho más simples. El control del flujo de la información se dirigía fácilmente. Las reglas se imponían mediante la amenaza de confiscar la propiedad y la ejecución de cualquiera que se apartara de la rígida estructura sociopolítica. Los que tenían información teológica, metafísica o científica fuera de la visión colectiva, convencional y programada del mundo eran torturados o asesinados. Las elites se guardaban la información para sí mismas y eliminaban los restos del reconocimiento dominante, a veces durante siglos antes de que se volvieran a descubrir. 

Con la llegada del antifeudalismo y, lo que es más importante, el éxito de la Revolución Estadounidense, los elitistas ya no pudieron dominar la información con el filo de la espada o el cañón de un fusil. El establecimiento de repúblicas, con su filosofía de gobierno abierto y de gobierno por el pueblo, obligó a las minorías aristocráticas a urdir maneras más sutiles de obstruir la verdad y mantener así su control sobre el mundo sin exponerse a la retribución de las masas. Así nació el complejo arte de la desinformación. 

Se refinó y perfeccionó la técnica, la “magia” de la mentira. La mecánica de la mente y el alma humana se convirtió en una interminable obsesión para la clase dirigente. 

El objetivo era maligno, pero socialmente radical; en lugar de gastar la imposible energía necesitada para dictar la forma misma y la existencia de la verdad, permitirían que se fuera al garete, oscurecida en una niebla de datos manipulados. Envolverían la verdad en un nudo gordiano de desorientación y maquinación tan estudiada que se sentirían seguros de que la mayoría de la gente se iba a rendir, renunciando mucho antes de llegar a terminar de aclarar el engaño. El objetivo no era destruir la verdad, sino ocultarla a plena vista. 

En nuestros tiempos y con métodos cuidadosamente preparados este objetivo generalmente se ha  cumplido. Sin embargo, estos métodos tienen debilidades inherentes. Las mentiras son frágiles. Requieren constante atención para mantenerlas vivas. La presentación de una sola verdad puede desgarrar todo un océano de mentiras, evaporándolo instantáneamente. 

En este artículo, examinaremos los métodos utilizados para fertilizar y promover el crecimiento de la desinformación, así como cómo identificar las raíces de la desinformación y cortarlas efectivamente, aniquilando todo el sistema de falacias de una vez por todas. 

Métodos de desinformación en los medios
Los medios dominantes, otrora encargados de la tarea de investigar la corrupción gubernamental y de mantener bajo control a los elitistas, se han convertido en nada más que una firma de relaciones públicas para funcionarios corruptos y sus manipuladores globalistas. Los días del legítimo “periodista de investigación” han pasado hace tiempo (si existieron algún día) y el propio periodismo se ha convertido en un rancio charco de así llamados “editorialistas televisivos” que tratan sus propias infundadas opiniones como si fueran hechos confirmados. 

La apropiación elitista de noticias ha estado ocurriendo en una u otra forma desde la invención de la máquina impresora. Sin embargo, los primeros métodos de desinformación en los medios  fructificaron verdaderamente bajo la supervisión del magnate de la prensa William Randolph Hearst, el cual creía que la verdad era “subjetiva” y estaba sujeta a su interpretación personal. 

Algunas de las principales tácticas utilizadas por los medios dominantes para engañar a las masas son los siguientes: 

Grandes mentiras, retractaciones insignificantes: las fuentes mediáticas dominantes (en especial los periódicos) son tristemente célebres por la publicación de noticias deshonestas y no fundamentadas en su primera plana, y por retractarse tranquilamente en la última página cuando son atrapados. En ese caso, la intención es introducir la mentira en la consciencia colectiva. Una vez que la mentira termina por salir a la luz, ya es demasiado tarde y una gran porción de la población no se dará cuenta o no se interesará cuando se conozca la verdad. 

Fuentes no confirmadas o bajo control presentadas como hechos: las noticias por cable citan a menudo información de fuentes “anónimas”, fuentes gubernamentales que tienen interés propio o un plan obvio, o fuentes de “expertos”, sin suministrar el punto de vista de un “experto” alternativo. La información suministrada por estas fuentes no suele estar respaldada por otra cosa que la fe ciega. 

Omisión calculada: conocida también como “selección a gusto” de datos. Una simple información o ítem raíz de la verdad puede descarrillar toda una noticia de desinformación y, por lo tanto, en lugar de mencionarla simplemente pretenden que no existe. Cuando se omite el hecho la mentira puede aparecer como si fuera enteramente racional. Esta táctica también se utiliza ampliamente cuando agentes de desinformación y periodistas corruptos participan en debates abiertos. 

Distracción y elaboración de relevancia: a veces la verdad llega a la consciencia pública a pesar de todos los intentos de los medios por enterrarla. Cuando esto ocurre su único recurso es intentar cambiar la atención del público y distraerlo as de la verdad que estaba a punto de llegar a comprender. Los medios lo logran mediante la “sobre-información” respecto a un tema que no tiene nada que ver con los problemas más importantes de la actualidad. Irónicamente, los medios pueden tomar una historia sin importancia e informar sobre ella ad nauseam, ¡llevar a que muchos ciudadanos asuman que porque los medios no se callan, tiene que ser importante! 

Tácticas deshonestas de debate: a veces, personas que realmente se preocupan por la búsqueda media de honradez e información legítima basada en hechos se abren paso y aparecen en la televisión. Sin embargo, pocas veces se les permite compartir sus puntos de vista o conocimientos sin que tengan que imponerse contra un muro de engaños y propaganda cuidadosamente articulada. Como los medios saben que perderán credibilidad si no permiten de vez en cuando que se pronuncien invitados con puntos de vista opuestos, preparan y coreografían debates especializados en la televisión en ambientes altamente restrictivos que ponen al invitado a la defensiva y hacen que le resulte difícil comunicar claramente sus ideas o hechos. 

Los eruditos de la televisión suelen estar entrenados en lo que se llama comúnmente “Tácticas Alinsky”. Saul Alinsky fue un relativista moral y un campeón de la mentira como instrumento por el “bien común”; esencialmente, un Maquiavelo de nuestros días. Sus “Reglas para radicales” debían servir supuestamente para activistas de base que se oponían al establishment y subrayaban el uso de cualquier medio necesario para derrotar a la oposición política. ¿Pero es verdaderamente posible derrotar a un establishment construido sobre mentiras, utilizando mentiras aún más perfeccionadas o sacrificando la propia ética? En realidad, sus estrategias constituyen el formato perfecto para instituciones y gobiernos corruptos a fin de desviar el disenso de las masas. Actualmente, las reglas de Alinsky las utiliza más el establishment que los que se le oponen. 

La estrategia de Alinsky: ganar a cualquier precio, aunque haya que mentir
Gobiernos y especialistas de la desinformación en todo el mundo han adoptado las tácticas de Alinsky, pero son más visibles en los debates en la televisión. Aunque Alinsky sermoneó sobre la necesidad de la confrontación en la sociedad, sus tácticas de debate están realmente pensadas para esquivar una confrontación real y honesta de ideas opuestas mediante trucos escurridizos y desviaciones. Las tácticas de Alinsky, y su usanza moderna, se pueden resumir  como sigue: 

1) El poder no es solo el que posees, sino el que los adversarios creen que posees.
Vemos esta táctica en muchas formas. Por ejemplo, presentar el propio movimiento como dominante y al oponente como marginal. Convencer al oponente de que su lucha es fútil. El lado opuesto puede actuar de modo diferente o incluso dudar sobre si actuar, sobre la base de su percepción de tu poder. ¿Cuán a menudo hemos oído lo siguiente: “El gobierno tiene drones depredadores? Ya no hay nada que hacer…”. Es una proyección de invencibilidad exagerada hecha para provocar la apatía de las masas. 

2) Cuando sea posible, aléjate de la experiencia de tus adversarios.
No te involucres en un debate sobre un tema que no dominas tan bien o mejor que el lado opuesto. Si es posible, llévalo a una situación semejante. Ándate por la tangente. Busca modos de aumentar la inseguridad, la ansiedad y la incertidumbre en el lado opuesto. Esto se suele utilizar contra entrevistados involuntarios cuyas posiciones se ajustan para ser sesgadas en los programas de noticias de cable. Se pilla al entrevistado por sorpresa mediante argumentos aparentemente irrelevantes que se ve obligado a encarar. En la televisión y la radio, esto también sirve para perder tiempo de transmisión a fin de impedir que el objetivo exprese su propia posición. 

3) Obliga a tus adversarios a ajustarse a sus propias reglas.
El objetivo es atacar la credibilidad y reputación del oponente mediante acusaciones de hipocresía. Si el táctico logra atrapar al oponente auqneu sea en el menor error, crea una oportunidad para más ataques y distrae de la cuestión moral más amplia. 

4) El ridículo es el arma más poderosa del hombre.
“Ron Paul es un chalado”, “Los partidarios del oro están locos”, “Los constitucionalistas son extremistas marginales”. Es casi imposible rebatir el ridículo sin fundamento porque tiene la intención de ser irracional. Enfurece a la oposición, que entonces reacciona en tu propio beneficio. También funciona como un punto de presión para obligar al enemigo a hacer concesiones. 

5) Una táctica no es buena si la gente no obtiene placer al aplicarla.
La popularización del término “Teabaggers” [denominación burlesca para partidarios del grupo político Tea Party en EE.UU., N.d.T.] es un ejemplo clásico; se impuso porque la gente parece creer que es ingenioso y les gusta decirlo. El mantener puntos de conversación simples y divertidos ayuda a que tu lado se mantenga motivado y a que vuestras tácticas se propaguen autónomamente, sin instrucción o aliento. 

6) Una táctica que se practica demasiado tiempo se agota.
Ved la regla Nº 5. No os convirtáis en noticias viejas. Si mantenéis frescas vuestras tácticas, es más fácil mantener activa a vuestra agente. No todos los agentes de la desinformación son pagados. Los “idiotas útiles” tienen que ser motivados por otros medios. La desinformación dominante cambia a menudo de velocidad de un método al siguiente y de vuelta. 

7) Mantened la presión con diferentes tácticas y acciones, y utilizad todos los eventos del período para vuestros propósitos.
Tratad continuamente de usar algo nuevo para desequilibrar al lado opuesto. Cuando éste domine un tema, atacadlo desde el flanco con algo nuevo. Nunca hay que dar al objetivo la posibilidad de descansar, reagruparse, recuperarse o cambiar de estrategia. Hay que aprovechar los acontecimientos actuales y sesgar sus implicaciones para apoyar vuestra posición. Nunca hay que desperdiciar una buena crisis. 

8) La amenaza aterroriza más que la acción misma.
Esto corresponde a la Regla Nº 1. La percepción es realidad. Permitid que el lado opuesto gaste toda su energía a la espera de un escenario insuperable. Las calamitosas posibilidades pueden envenenar fácilmente la mente y llevar a la desmoralización. 

9) La ley principal de táctica es el desarrollo de operaciones que mantengan la presión constante sobre el adversario.
El objetivo de esta presión es obligar al lado opuesto a reaccionar y cometer los errores que son necesarios para el éxito final de la campaña. 

10) Si impones una negativa lo suficientemente dura y profundamente, se convertirá en lo contrario.
Como instrumentos del activismo de base, las tácticas de Alinsky se han utilizado históricamente (por ejemplo, por movimientos sindicales o especialistas en operaciones clandestinas) para obligar al lado opuesto a reaccionar con violencia contra activistas, lo que lleva a la simpatía popular por la causa de los activistas. Actualmente, movimientos de base y revoluciones falsas (o cooptadas) utilizan esta técnica en debates así como en acciones callejeras planificadas y rebeliones (considerad Siria cómo un ejemplo reciente). 

11) El precio de un ataque exitoso es una alternativa constructiva.
No hay que permitir que el enemigo consiga ventajas porque uno se encuentra ante una solución para el problema. Hoy en día, esto se utiliza a menudo de modo ofensivo contra activistas legítimos, como los oponentes a la Reserva Federal. Quejaos de que vuestro oponente solo “señala los problemas”. Exigid que ofrezca no solo “una solución” sino LA solución. Obviamente nadie tiene “la solución”. Cuando no logre producir el milagro que solicitasteis, descartad todo el argumento y todos los hechos que ha presentado como injustificados. 

12) Escoged el objetivo, congeladlo y polarizadlo.
Separad la red de apoyo y aislad el objetivo de la simpatía. Los partidarios del lado opuesto se desenmascararán ellos mismos. Atacad a individuos, no a organizaciones o instituciones. Se hiere más rápido a la gente que a las instituciones. 

La próxima vez que veáis un debate en MSM, observad cuidadosamente a los expertos y probablemente veréis que muchas, si no todas, las estrategias mencionadas se utilizan frente a algunos individuos ingenuos que tratan de decir la verdad. 

Métodos de desinformación en internet
Trolls en Internet, conocidos también como “afiches pagados” o “blogueros pagados” son creciente y abiertamente utilizados tanto por corporaciones privadas como por gobiernos, a menudo con propósitos de mercadeo o de “relaciones públicas” (Obama es tristemente conocido por esta práctica.) El “trolleo” en Internet es por cierto una industria en rápido crecimiento. 

Los trolls usan una amplia variedad de estrategias, algunas de las cuales son exclusivas de internet. Éstas son solo unas pocas.
1. Haced comentarios ofensivos para distraer o frustrar: una táctica de Alinsky utilizada para emocionar a la gente, aunque es menos efectiva debido a la naturaleza impersonal de la Web. 

2. Preséntate como un partidario de la verdad, luego haz comentarios que desacrediten al movimiento: Hemos visto esto incluso en nuestros propios foros – trolls se presentan como partidarios del Movimiento por la Libertad, luego colocan largas diatribas incoherentes para aparentar ser racistas o dementes. La clave de esta táctica es hacer referencias a argumentos comunes del Movimiento por la Libertad mientras al mismo tiempo se barbotean insensateces, para hacer que argumentos de otra manera válidos parezcan ridículos por asociación. Es sabido que esos “Trolls-troyanos” colocan comentarios que incitan a la violencia – una técnica que obviamente tiene el propósito de justificar las aseveraciones de propagandistas de think-tanks, que pretenden que hay que temer a los constitucionalistas como si fueran potenciales terroristas del interior. 

3. Dominio de discusiones: los Trolls se interponen frecuentemente en discusiones productivas en la web a fin de apartarlas de su objetivo y frustrar a los participantes. 

4. Respuestas pre-escritas: muchos trolls reciben una lista o base de datos con puntos de conversación previamente planificados, preparados como respuestas generalizadas y engañosas a argumentos honestos. Cuando las colocan, sus palabras suenan extrañamente plásticas y bien ensayadas. 

5. Asociación falsa: esto funciona mano a mano con el ítem Nº 2, invocando los estereotipos establecidos por el “Troll-troyano”. Por ejemplo, calificar a los que se oponen a la Reserva Federal” de “teóricos conspirativos" o “lunáticos”; asociando deliberadamente a los movimientos antiglobalistas con racistas y terroristas internos; mediante connotaciones inherentemente negativas; y utilizando asociaciones falsas para provocar prejuicios y disuadir a la gente de examinar objetivamente la evidencia. 

6. Moderación falsa: pretendiendo ser la “voz de la razón” en una discusión con partes obvias y definidas en un intento de alejar a la gente de lo que es evidentemente verídico hacia una “área gris”, en la cual la verdad se hace “relativa”. 

7. Argumentos de testaferro: una técnica muy común. Aunque no lo haga, el troll acusará al lado opuesto de suscribir un cierto punto de vista y después ataca ese punto de vista. O el troll pone palabras en la boca del lado contrario y luego rechaza esas palabras específicas. 

A veces estas estrategias son utilizadas por gente común y corriente con serios problemas de personalidad. Sin embargo, si se ve a alguien que utiliza frecuentemente estas tácticas, o utiliza muchas de ellas al mismo tiempo, se puede estar ante un troll de internet pagado. 

Detener la desinformación
La mejor manera de desarmar a los agentes de la desinformación es conocer integralmente sus métodos. Esto nos capacita para señalar exactamente lo que están haciendo en el instante en que tratan de hacerlo. La denuncia inmediata de una táctica de desinformación mientras se está utilizando es altamente destructiva para el usuario. Hace que parezcan estúpidos, deshonestos y débiles incluso por intentarlo. Los trolls de Internet en especial no saben cómo enfrentar el hecho de que sus métodos sean desenmascarados directamente frente a sus ojos y generalmente abandonan el debate cuando ocurre. 

La verdad es preciosa. Es una lástima que haya tantas personas en nuestra sociedad que perdido el respeto por ella; personas que han vendido su conciencia y su alma por recompensas financieras temporales mientras sacrifican la estabilidad y el equilibrio del resto del país al hacerlo. 

La psique humana vive del aire de la verdad. Sin ella, la humanidad no puede sobrevivir. Sin ella, la especie colapsará a falta de sustento intelectual y emocional. 

La desinformación no solo amenaza nuestra visión del funcionamiento de nuestro mundo, nos hace vulnerables al miedo, al malentendido y la duda, cosas todas ellas que llevan a su destrucción. Puede llevar a buenas personas a cometer terribles atrocidades contra otros o incluso contra sí mismas. Sin un esfuerzo concertado y organizado por neutralizar las mentiras producidas en masa, el futuro ciertamente será frío y sombrío. 

Este artículo se publicó originalmente en Alt-Market

Rebelión 
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

lunes, 20 de agosto de 2012

La audacia

Gracias a los jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), volvimos a hablar de miseria y de desigualdades. Discutimos la rendida admiración de los medios por los españoles de la lista Forbes. Supimos cómo funciona el oligopolio de la gran distribución. Escuchamos a sus trabajadores hablar no de empleo, sino de explotación. Tal vez esto explique, al menos en parte, que un tercio de los hurtos cometidos en los supermercados los realicen los propios trabajadores. Palabras como robo, ley y orden fueron debatidas, pues según quién las pronuncie ni suenan igual ni tienen el mismo significado.

Gracias a Juan Manuel Sánchez Gordillo, conocimos mejor cómo otra política municipal fue posible. Aprendimos que subvención no tiene por qué ser sinónimo de despilfarro, pues también puede significar inversión en el común. Quienes critican la inversión pública que Marinaleda ha hecho en el campo o en la vivienda callan sobre cómo funcionan los mercados agrícolas de los países desarrollados y cómo las principales multinacionales españolas existen gracias al dinero público.

También conocimos otra forma de indignación. La de quienes se revuelven cuando no se reconoce la hegemonía de la propiedad privada por encima de cualquier otro derecho. Para estas personas la sustracción pública de alimentos para destinarlos a barriadas populares "molesta" más que la violencia sistemática y legal contra los pobres. Al alcalde de Marinaleda le han llamado patán, chusma, charlatán, parásito... Otros le han tratado con paternalismo y condescendencia, condenando antes que nada la ruptura de la legalidad y cuestionando la utilidad de la acción del SAT. En fin, los hay preocupados por la "radicalización" de la protesta y las perspectivas electorales de la izquierda.

Por un lado, ofende la cultura plebeya que encarnan. Cuando recriminan a Sánchez Gordillo que cobre como diputado autonómico lo mismo que los demás diputados (aunque finalmente solo ingrese menos de la mitad), y que aún así afirme que "todo el mundo tiene derecho a vivir bien", en el fondo se están queriendo decir que alguien de su clase no debería ser diputado, y menos aún vivir bien sin ser siervo de otros. Tampoco gusta que hable claro y con sentimientos. Para estos ofendidos, solo hombres y mujeres grises, hombres y mujeres de negro ungidos por la racionalidad técnica deberían ocuparse de los asuntos políticos, no para procurar que "todo el mundo" pueda vivir bien, sino para que solo puedan vivir muy bien aquellos que, según dicte su clarividencia, se lo merecen. Lo primero es populismo y demagogia; lo segundo, "responsabilidad", término convertido hoy en verdadero refugio de canallas.

Por otro lado, de esta chusma, de estos patanes, de estos plebeyos, aterra su audacia. Porque se necesita un mínimo de audacia para salirse de los cauces legales establecidos, los mismos que han secado y alterado para que solo conduzcan a callejones sin salida. La sobreactuación del PP y la incomodidad expresada por otros partidos buscan evitar que haya más atrevimientos. Pero los habrá. Ahora que el régimen se cierra sobre sí mismo, cualquier expresión de descontento que no quiera resultar folclórica acaba siendo ilegal. Cortar una calle, ocupar una plaza, incumplir abusivos "servicios mínimos". Cuando ya no cabe negociación alguna no tiene mucho sentido pedir, solo queda actuar. Como dijo un abolicionista hace tiempo, "es degradante para la naturaleza humana presentar peticiones a los propios opresores" (Robert Wedderburn, 1762-1835).

La audacia es lo que transforma la indignación en acción directa, que puede ser perfectamente no violenta. Quienes califican como golpe de estado la convocatoria para manifestarse y rodear el Congreso de los diputados a partir del 25 de septiembre con el fin de evitar que desmantelen la democracia y exigir que se abra un proceso constituyente, y contraponen la representación al movimiento, ignoran por completo la tradición de la desobediencia civil, que suelen confundir además con la objeción de conciencia. La escritora anarquista y feminista estadounidense Voltairine de Cleyre (1866-1912) ya respondió a críticas similares en su tiempo:
"Si llamo la atención sobre ellas [las acciones que precedieron la revolución americana] y otras de naturaleza similar, es para probar a los repetidores irreflexivos de palabras que la acción directa siempre ha sido usada, y goza de la sanción histórica de la misma gente que hoy en día la reprueba.

(...)

"Y hasta podría afirmar que la acción política nunca tiene lugar, y no es ni siquiera contemplada hasta que las mentes adormecidas primero no hayan sido despertadas por actos directos de protesta contra las condiciones existentes."
Efectivamente, no son las constituciones las que otorgan derechos. Estos siempre se hicieron efectivos primero con acciones (u omisiones, éxodos y fugas) que implicaron algún tipo de transgresión legal. Cuando aquellas son masivas resultan difícilmente sancionables. En este sentido, si algo muestra el afectado moralismo que despliegan los guardianes del orden es el apoliticismo que denuncian en los demás (que sobre todo es rechazo social hacia los partidos políticos). El moralismo también ha sido una tentación ideológica presente en la protesta, en el multiforme movimiento 15M desde sus inicios, pero como era de esperar finalmente son las posiciones más reaccionarias y más apegadas a la representación las que han acabado por hacer bandera con el mismo. Toni Cantó (UPyD) nos da un buen ejemplo con su carta dirigida a Sánchez Gordillo:
"Para salir de esta, prefiero empresarios que crean puestos de trabajo a los señores Gordillos.Esto no es una lucha de ricos contra pobres, como nos venden de manera simplista los Gordillos.
Es un pulso entre honrados y ladrones, entre trabajadores y apoltronados."
Mientras todas las rebeliones populares del último año (desde Egipto hasta Estados Unidos) identificaron el conflicto de clase entre el 1% y el 99% como base de su reflexión, Cantó deforma el significado real del capitalismo (son los Gordillos los que crean riqueza para los empresarios con su trabajo). Como alternativa nos propone una batalla trascendente entre buenos y malos, que él se encarga de definir (honrados, nosotros; ladrones, ellos) al desvincularla de las relaciones de poder existentes. La reducción de la protesta a un gesto moralista no consigue otra cosa que extirparle su carga liberadora y subversiva.

No es fácil ser audaz, es verdad. Por eso hay personas que ensalzamos como héroes y líderes. Es algo que cuesta aprender, mejor si es en compañía. Si ya es difícil serlo en las diferentes facetas de nuestras vidas, para amar por ejemplo, cuanto más en aquella que cedimos a representantes y mediadores que esgrimen el miedo para que evitemos recuperarla. Para que actuemos, nos debe ir la vida en ello, por eso el poder procura profesionalizar y separar la política (nuestra relación con los demás sobre los asuntos de la comunidad) de la materialidad íntima de nuestras vidas, como un espectáculo televisivo. Y el miedo es, claro, el principal obstáculo a batir. "Lo que impulsa a la acción no es un pensamiento sino un sentimiento", afirma el argentino Luis Mattini. Precisamente Mattini se preguntó, en relación con las procesiones sindicales y partidarias de la izquierda de su país:
"¿Qué falta entonces para cobrar iniciativa?

Dicho de otra manera ¿Por qué la izquierda no sale del pozo?

Pues está claro, se puede oler en el aire: falta deseo, por eso se aprecian griteríos, y consignas racionales, trajes vistosos, intentos de murgas, pero muy poca pasión.

Sobra conciencia, sobre todo conciencia de que el deseo nos haga caer en otra Tragedia. Conciencia del riesgo de pagar caro la rebeldía, contra la democracia representativa por la democracia plena.

Dicho de otra manera: sobra miedo, miedo a la Tragedia."
En España, como en Argentina, sabemos bien a qué se refiere
 
Samuel
Quilombo

domingo, 19 de agosto de 2012

La decisión de tener una pierna

Un niño tiene un accidente y pierde una pierna. A partir de ese momento, puede ocurrir una de estas dos cosas: que el niño construya su carácter en torno a la pierna que le falta y, en consecuencia, a partir de todas las cosas que ya no puede hacer; o, por el contrario, que construya su carácter en torno a la pierna que le queda y, por lo tanto, a partir de todas las cosas que todavía puede hacer. Cojear es un defecto, sí, pero también una forma de vivir; el procedimiento específico gracias al cual consigo recorrer el camino que me lleva a casa o llegar a tiempo a una cita con la amada; es también la oportunidad de añadir a mi cuerpo un elegante bastón. El filósofo Jean Paul Sartre diría que el protagonismo vital de una de las dos piernas -la que nos falta o la que aún nos sostiene- es una decisión absoluta y, por lo tanto, un acto de libertad. No somos responsables del accidente que nos ha mutilado, es verdad, pero sí de escoger sobre qué pierna vamos a apoyar a partir de ahora nuestra existencia: un hombre que ha perdido una pierna, en fin, se convierte en un mutilado por propia voluntad.

Hay algo saludable en decidir tener una pierna. Pero todo se complica si aplicamos esta lógica a los procesos colectivos y las construcciones sociales. Digamos que existe un átomo gestual, una partícula antropológica elemental que nos identifica como seres humanos: nadie que se siente a la orilla de un río puede dejar de lanzar un palo al agua. Hasta tal punto repetimos ese gesto desde hace milenios que podríamos decir sin exagerar que la especie humana, erguida sobre dos piernas, necesita lanzar palos al agua. Sin alimento el hombre no puede vivir y con una sola pierna se las arregla mal. Es más difícil comprender que la represión de este “átomo gestual” -el lanzamiento de palos a la corriente de los ríos- implicaría una frustración radical y una degradación esencial de la humanidad. Pero, ¿cómo lo notaríamos?

La importancia de ese gesto elemental es que pone en relación los bosques y los ríos y, de alguna manera, señala y protege su existencia. Cualquiera que prohibiese por decreto a un pueblo indígena el lanzamiento de palos al agua encontraría sin duda una fuerte resistencia. Pero hay formas mucho más radicales de reprimir o suprimir gestos fundamentales. El capitalismo no hará jamás una ley contra la mediación humana entre los palos y el agua; sencillamente talará los bosques y secará los ríos. Muy pronto generaciones completas, en distintos lugares de la tierra, habrán olvidado esa relación en la que el improvisado proyectil reivindicaba el brazo, el aire, la geometría pura dibujada en la superficie de la laguna. Pero cuando eso ocurra ni sentiremos hambre, como cuando nos privan de comida, ni cojearemos, como cuando nos falta una pierna.

Luchar contra el olvido de lo que nos falta, contra el olvido de lo que nos han quitado, es muy difícil porque la ausencia del bosque y del río es en realidad la presencia de carreteras, de grandes edificios, de hierros trepidantes. Podemos decir que la decisión de olvidar la pierna que nos falta construye un buen carácter individual; pero la decisión de olvidar el bosque talado y el río desecado amenaza, en cambio, nuestro destino colectivo. A veces lo hemos llamado “alienación” y podemos utilizar este término a condición de recordar enseguida que su fuente no es un discurso o una falsa conciencia sino la potencia misma de las cosas que existen. Entre las chabolas y los coches los humanos ya no recuerdan el gesto de lanzar un palo al agua -y por lo tanto el bosque y el río- porque en su lugar hay casas y fábricas que percibimos, no como una negación de la naturaleza y de la humanidad, sino como una nueva manera de seguir vivos y hasta como una nueva forma de defender lo humano.

El problema es que todo lo que existe, por el solo hecho de existir, adquiere de algún modo un derecho irrevocable a la existencia. Las pirámides de Egipto son en realidad un monstruoso monumento a la esclavitud y a la dictadura teocrática de los faraones, pero a nadie se le ocurriría exigir su demolición por esa razón. De alguna manera, la humanidad necesita ya -como necesita el pan y las piernas- esa irracionalidad de piedra que señala el cielo vacío. Necesitamos -por así decirlo- objetos que no deberían haber nacido, criaturas cuya existencia deberíamos haber evitado. Por eso, los revolucionarios no deben caer en el error de copiar al capitalismo y hacerse la ilusión de que el momento verdaderamente creativo es el momento de la destrucción; ni tampoco -del otro lado- el de renunciar a una crítica radical, y a una jerarquización política, de las distintas fuentes y formas de existencia.

Lo importante es la belleza. Uno de los revolucionarios que más admiro fue el siciliano Peppino Impastato. Nacido en 1948 en una familia mafiosa, su compromiso comunista le llevó a enfrentarse no sólo a su padre sino a esa estructura tentacular incrustada en el corazón mismo del Estado, explotada, aceptada o ignorada por partidos y ciudadanos, que corrompe la democracia, lubrica el capitalismo y multiplica el número de objetos cuya existencia deberíamos impedir. Torturado y asesinado por la mafia en 1978, sólo 22 años después, en marzo de 2000, los responsables de su muerte fueron condenados por la justicia italiana. Ese mismo año, una excelente película de Marco Tullio Giordano, I cento passi, rindió al joven revolucionario un homenaje vibrante y movilizador. Pues bien, en una de las escenas de la película, Peppino y un amigo suyo contemplan con dolor desde una colina el paisaje de Sicilia devastado por la especulación inmobiliaria y las construcciones ilegales. Peppino se queda un instante caviloso y afirma de manera desconcertante: ”En el fondo no es tan feo como parece... Visto así, desde arriba, uno puede pensar que la naturaleza siempre vence, que es más fuerte que el hombre. Pero no es así. A veces, aunque todo sea peor, una vez hechas las cosas, les encontramos una lógica por el solo hecho de existir. Han hecho estas casas horribles, con las ventanas de aluminio... Pero están los balcones, la gente va a habitarlas y se ponen los tendederos, los geranios, la televisión, y después todo forma parte del paisaje y ya existe. Ninguno recuerda cómo era antes. Es fácil destruir la belleza”.

Sin ríos y sin bosques, sin escuelas ni hospitales, en casas horrendas, en barrios grises y contaminados, seguimos viviendo apoyados en la pierna que nos queda sin recordar lo que nos han quitado. Por eso, por muy paradójico que nos parezca, tiene razón Peppino -comunista militante- cuando concluye su reflexión con estas palabras: “En vez de la lucha política y la conciencia de clase, debemos recordarle a la gente qué es la belleza, ayudarla a reconocerla, a defenderla. La belleza es importante, de ella deriva todo lo demás”.

El que ha perdido una pierna se vuelve un mutilado por propia decisión. El que ha perdido la relación entre los bosques y los ríos se vuelve un alienado porque no recuerda la belleza. Lo que admiramos en algunos cojos es que, ayudados de un bastón, eligen ser alegres y revolucionarios. Lo que admiramos de los pueblos en lucha es que distinguen un palo de una porra y una pirámide de una prisión. Es lo que llamamos dignidad y José Martí nombró con la palabra “decoro”.

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio
Rebelión

Un cañón en el culo

Si lo hemos entendido bien, y no era fácil porque somos un poco bobos, la economía financiera es a la economía real lo que el señor feudal al siervo, lo que el amo al esclavo, lo que la metrópoli a la colonia, lo que el capitalista manchesteriano al obrero sobreexplotado. La economía financiera es el enemigo de clase de la economía real, con la que juega como un cerdo occidental con el cuerpo de un niño en un burdel asiático. Ese cerdo hijo de puta puede hacer, por ejemplo, que tu producción de trigo se aprecie o se deprecie dos años antes de que la hayas sembrado. En efecto, puede comprarte, y sin que tú te enteres de la operación, una cosecha inexistente y vendérsela a un tercero que se la venderá a un cuarto y este a un quinto y puede conseguir, según sus intereses, que a lo largo de ese proceso delirante el precio de ese trigo quimérico se dispare o se hunda sin que tú ganes más si sube, aunque te irás a la mierda si baja. Si baja demasiado, quizá no te compense sembrarlo, pero habrás quedado endeudado sin comerlo ni beberlo para el resto de tu vida, quizá vayas a la cárcel o a la horca por ello, depende de la zona geográfica en la que hayas caído, aunque no hay ninguna segura. De eso trata la economía financiera.

Estamos hablando, para ejemplificar, de la cosecha de un individuo, pero lo que el cerdo hijo de puta compra por lo general es un país entero y a precio de risa, un país con todos sus ciudadanos dentro, digamos que con gente real que se levanta realmente a las seis de mañana y se acuesta de verdad a las doce de la noche. Un país que desde la perspectiva del terrorista financiero no es más que un tablero de juegos reunidos en el que un conjunto de Clicks de Famóbil se mueve de un lado a otro como se mueven las fichas por el juego de la Oca.

La primera operación que efectúa el terrorista financiero sobre su víctima es la del terrorista convencional, el del tiro en la nuca. Es decir, la desprovee del carácter de persona, la cosifica. Una vez convertida en cosa, importa poco si tiene hijos o padres, si se ha levantado con unas décimas de fiebre, si se encuentra en un proceso de divorcio o si no ha dormido porque está preparando unas oposiciones. Nada de eso cuenta para la economía financiera ni para el terrorista económico que acaba de colocar su dedo en el mapa, sobre un país, este, da lo mismo, y dice “compro” o dice “vendo” con la impunidad con la que el que juega al Monopoly compra o vende propiedades inmobiliarias de mentira.

Cuando el terrorista financiero compra o vende, convierte en irreal el trabajo genuino de miles o millones de personas que antes de ir al tajo han dejado en una guardería estatal, donde todavía las haya, a sus hijos, productos de consumo también, los hijos, de ese ejército de cabrones protegidos por los gobiernos de medio mundo, pero sobreprotegidos desde luego por esa cosa que venimos llamando Europa o Unión Europea o, en términos más simples, Alemania, a cuyas arcas se desvían hoy, ahora, en el momento mismo en el que usted lee estas líneas, miles de millones de euros que estaban en las nuestras.

Y se desvían no en un movimiento racional ni justo ni legítimo, se desvían en un movimiento especulativo alentado por Merkel con la complicidad de todos los gobiernos de la llamada zona euro. Usted y yo, con nuestras décimas de fiebre, con nuestros hijos sin guardería o sin trabajo, con nuestro padre enfermo y sin ayudas para la dependencia, con nuestros sufrimientos morales o nuestros gozos sentimentales, usted y yo ya hemos sido cosificados por Draghi, por Lagarde, por Merkel, ya no poseemos las cualidades humanas que nos hacen dignos de la empatía de nuestros congéneres. Ya somos mera mercancía a la que se puede expulsar de la residencia de ancianos, del hospital, de la escuela pública, hemos devenido en algo despreciable, como ese pobre tipo al que el terrorista por antonomasia está a punto de dar un tiro en la nuca en nombre de Dios o de la patria.

A usted y a mí nos están colocando en los bajos del tren una bomba diaria llamada prima de riesgo, por ejemplo, o intereses a siete años, en el nombre de la economía financiera. Vamos a reventón diario, a masacre diaria y hay autores materiales de esa colocación y responsables intelectuales de esas acciones terroristas que quedan impunes entre otras cosas porque los terroristas se presentan a las elecciones y hasta las ganan y porque hay detrás de ellos importantes grupos mediáticos que dan legitimidad a los movimientos especulativos de los que somos víctimas.

La economía financiera, si vamos entendiéndolo, significa que el que te compró aquella cosecha inexistente era un cabrón con los papeles en regla. ¿Tenías tú libertad para no vendérsela? De ninguna manera. Se la habría comprado a tu vecino o al vecino de tu vecino. La actividad principal de la economía financiera consiste en alterar el precio de las cosas, delito prohibido cuando se da a pequeña escala, pero alentado por las autoridades cuando sus magnitudes se salen de los gráficos.

Aquí están alterando el precio de nuestras vidas cada día sin que nadie le ponga remedio, es más, enviando a las fuerzas del orden contra quienes tratan de hacerlo. Y vive Dios que las fuerzas del orden se emplean a fondo en la protección de ese hijo de puta que le vendió a usted, por medio de una estafa autorizada, un producto financiero, es decir, un objeto irreal en el que usted invirtió a lo mejor los ahorros reales de toda su vida. Le vendió humo el muy cerdo amparado por las leyes del Estado que son ya las leyes de la economía financiera, puesto que están a su servicio.

En la economía real, para que una lechuga nazca hay que sembrarla y cuidarla y darle el tiempo preciso para que se desarrolle. Luego hay que recolectarla, claro, y envasarla y distribuirla y facturarla a 30, 60 o 90 días. Una cantidad enorme de tiempo y de energías para obtener unos céntimos, que dividirás con el Estado, a través de los impuestos, para costear los servicios comunes que ahora nos están reduciendo porque la economía financiera ha dado un traspié y hay que sacarla del bache. La economía financiera no se conforma con la plusvalía del capitalismo clásico, necesita también de nuestra sangre y en ello está, por eso juega con nuestra sanidad pública y con nuestra enseñanza y con nuestra justicia al modo en que un terrorista enfermo, valga la redundancia, juega metiendo el cañón de su pistola por el culo de su secuestrado.

Llevan ya cuatro años metiéndonos por el culo ese cañón. Y con la complicidad de los nuestros.

Juan José Millás
El País

sábado, 18 de agosto de 2012

Reacción contra el sistema neoliberal y el déficit democrático vigente

La lucha contra el sistema neoliberal y el déficit democrático derivado de éste se hace patente a diario, pese a la inopia y la desesperanza en la que vive gran parte de la sociedad. Las contiendas de antaño contra sistemas económicos y políticos nos han demostrado que el poder reside en los ciudadanos; incluso en estados autocráticos como la Alemania Nazi, las cúpulas de Auschwitz hubieron de divulgar vídeos en los que mostraba la discriminación de los judíos como algo de pleno bienestar para ellos, aislados en “guetos” y campos de concentración pero felices y en familia, con tal de obtener cierta aprobación de la población de sus prácticas segregacionistas y ocultación del exterminio; del mismo modo, Stalin se dedicaba a modificar fotos para que no mostraran a los dirigentes comunistas que iba matando que le pudiesen hacer algún tipo de sombra o deslegitimar sus políticas, como ocurrió con Trostky. U otro ejemplo de esto es la legitimación carismática, pretendiendo así Hitler la aceptación de los valores del régimen mediante la invocación del Romanticismo alemán, o Mussolini del fascismo mediante el símbolo de la Roma imperial con la memoria de los Fascios, los Lictores, etc.
Es decir, pese a ser Estados con el monopolio de la violencia, la manipulación y demagogia que efectuaron los ejemplos citados, demuestra cómo hasta ellos eran conscientes de que un gobierno no puede continuar a perpetuidad sino lo legitima el pueblo. Lo mismo ocurre con un sistema democrático, principio del que debemos sacar dos conclusiones:

1) el poder es del pueblo y de las organizaciones que se movilicen bajo el respaldo de los principios democráticos; el pueblo puede cambiar el orden de las situaciones y estructuras político-sociales si el pueblo trabaja unido.

2) en este contexto, obviamente, la manipulación de los medios de comunicación de masas es constante, tanto desde campañas de deslegitimación de los movimientos sociales como ha ocurrido con el 15M, como de censura de información y, especialmente, como moldeadores del imaginario colectivo mediante la publicidad, la propaganda, y la información que cada vez se rige más por la lógica del beneficio económico, pasando de ser el denominado “cuarto poder” , la voz de la ciudadanía, vigía de la clase dirigente, a ser la vigilante del pueblo que procura la aceptación de la ortodoxia vigente mediante la criminalización de todo aquello que se salga de la doctrina. Esto a su vez demuestra la inexistencia de, tal y como lo denomina Iñaki Gabilondo [1] en su libro El fin de una época, “un parapeto de ética” en la profesión periodística, publicando cualquier cosa que pueda reportar un beneficio, a sus empresas mediáticas o a los poderes a los que van ligadas.

Actualmente, la desigualdad social que existe, y por tanto política, ante la falta de equidad de recursos para acceder al campo político, es el principal incentivo para el despertar de la sociedad; el único impedimento es que gran parte de ella aún no se ha percatado de la capacidad de cambio que tiene desde fuera de las instituciones debido a la alienación inconsciente de la manipulación citada que les hace priorizar una información, usualmente vacua, en detrimento de otra, como pueden ser movilizaciones y protestas ajenas que les sirvan como ejemplo.

No obstante, desde hace años hay sectores que reaccionan desde puntos geográficamente aislados, algo que sin duda es una ventaja configurándose así una red de movimientos y organizaciones muy amplia que se sitúan contra el sistema imperante tanto en su vertiente económica como social, que de hecho forman un todo unitario, y que a pesar de las trabas mediáticas van haciendo efecto inconscientemente en la sociedad, por lo tanto el ejemplo está al alcance y el despertar de la sociedad, lento pero progresivo. En el último año estos han sido:

· Las políticas de Estado Social de países como Venezuela, que ha impulsado la nacionalización de la industria petrolífera, anteriormente en manos privadas que monopolizaban un bien común y una de las fuentes clave de riqueza del país, o Argentina, impulsadas por la consolidación de la democracia ante la acción de sectores y focos de reacción como los movimientos populares e indígenas, y que actualmente contemplan casi en silencio incrédulos el panorama europeo pensando “tras treinta años de control de oligarquías financieras, de neoliberalismo en nuestros estados y la catástrofe que supuso, ¿cómo hacen lo mismo?”

· El Movimiento 15M del último año que mediante la vía pacífica y la organización horizontal y descentralizada vía redes sociales, ha conseguido aglutinar a grandes sectores de la sociedad, de corrientes ideológicas y generacionales distintas, en una serie de movilizaciones contra el déficit democrático derivado de las prácticas de ajustes neoliberales y una ley electoral completamente opaca e injusta. El 15M ha conseguido traspasar las fronteras nacionales, creándose réplicas del movimiento en muchísimas ciudades del mundo entre las cuales el más destacado es el movimiento Occupy Wall Street, impulsando medidas como el reclamo de la vivienda digna y la dación en pago ante los embargos, el seguro de pensiones, la reforma de la ley electoral, educación y sanidad gratuitas, inclusión política y democracia directa, libertad en la red, etc.

· La Primavera Árabe, conjunto de movilizaciones acaecidas en Túnez, Egipto, Siria, Libia, Yemen, y en menor medida en Marruecos y Bahréin, contra regímenes opresores, demandando una transición democrática ligada a servicios sociales que les garantizasen una existencia digna, ¿Cómo se concibe de que alguien se inmole sino es por desesperación (dejando aparte a sectores terroristas como los Talibanes o la Yihad islámica), como ocurrió con Mohammed Boauzizi durante el gobierno de Ben Ali en Túnez?

En las últimas décadas hemos experimentado numerosas acciones contra la desigualdad y la exclusión social, y la proliferación de movilizaciones que se han opuesto al capitalismo neoliberal y las prácticas de las principales organizaciones financieras. Ejemplo de ellos son el movimiento Zapatista indígena de Chile, las manifestaciones de Tian’anmen en China en 1989 que conllevó a una masacre de los manifestantes, la campaña “50 años bastan” contra los cincuenta años de existencia de organizaciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que provocó diversas movilizaciones en distintos lugares del mundo y que culminó en el foro alternativo “Las otras voces del planeta” en 1994. La creación del movimiento Acción global de los Pueblos en 1998, tras la reunión en Ginebra de diversos movimientos opuestos al neoliberalismo y la globalización: Movimientos contra los planes de ajuste estructural del FMI y el BM, como el movimiento de las Barriadas en México o el Movimiento de los Enseñantes en Buenos Aires, movimientos indigenistas (Maoríes de Nueva Zelanda, Ogonies de Nigeria), movimientos por la propiedad comunitaria de la tierra como los movimientos de los Sin Tierra en Brasil. Y por otro lado, la aparición de organizaciones contra la precariedad, como la campaña estadounidense “Food not Bombs”, las Manifestaciones contra la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle en 1999, el Movimiento de los Parados franceses, o el movimiento británico de propiedad comunal “Reclaim the streets”.

En conclusión, la estructura social en la que nos enmarcamos está formada por la confluencia de los sistemas político-económicos, sociales, las actitudes de los actores sociales y la cultura que comparten, siendo factores e instituciones que se retroalimentan entre ellas. En la actualidad, la apatía política ante la no respuesta de los órganos gubernamentales a las necesidades de la población mediante un sistema de representación que no representa, esto impulsado en parte por un sistema económico injusto que monopoliza los órganos institucionales, y que supone una gran desigualdad social de la población y con ello política, ante la falta de equidad de recursos para acceder al campo político, ha conllevado la no incidencia de la población en política. Ante este panorama ha aparecido un sector social que apuesta por la reformulación de la Democracia, ideando mecanismos de participación, y un sector disidente del sistema neoliberal imperante que se opone a éste con acciones no institucionales desde diversos lugares del mundo. Recordemos: en una sociedad el poder es de los agentes que la forman, y si la gran mayoría de estos agentes son la población civil, a ellos pertenece el derecho de decidir de qué forma quieren vivir.
Nota:
[1] Iñaki Gabilondo, El fin de una época, Barril y Barral, 2011, pág. 58. 

Celia Castellano Aguilera
Rebelión

viernes, 17 de agosto de 2012

La ausencia de democracia

Cuando deviene la crisis económica, y empeoran las condiciones materiales de vida de la población, es natural que se exija a las instituciones políticas una respuesta que consiga detener ese proceso. Eso es lo que ha pasado en España en los últimos años. Sin embargo, la sensación generalizada es que en este tiempo estas instituciones políticas no han sido capaces, o no han querido, dar una solución al problema. Como respuesta, instintivamente la población las declara inútiles e ineficaces. Es ahí precisamente donde encontramos la explicación fundamental de la creciente desafección por la política y sus instituciones. La política institucional es considerada una herramienta no válida para poder dar soluciones a problemas tan acuciantes como el desempleo, los desahucios y el hambre. Se cuestiona a las instituciones políticas y se cuestiona la democracia.

No obstante, el problema nace en considerar que realmente vivimos en una democracia. Nada más lejos de la realidad. Vivimos en una democracia aparente, en una ilusión política a la que hemos convenido en llamar democracia. Porque el poder, en esencia, no se encuentra en las instituciones políticas para las cuales elegimos a nuestros representantes. El poder está más allá, descontrolado, irresponsable y privado. El poder está en el dinero, en esas grandes empresas y grandes fortunas –a las que a veces llamamos mercados- que son capaces de doblegar los intereses de los parlamentos nacionales a través del chantaje y la extorsión. El poder real es fundamentalmente poder económico, y éste último no está sujeto a elección ninguna. Manda quien más tiene y no quién más votos recibe.

Así pues el problema no es que la democracia y sus instituciones políticas no funcionen. El problema que es que no tenemos democracia y por lo tanto las instituciones políticas actuales son un espejismo de lo que debieran ser. Tenemos una democracia simulada que, como afirma el filósofo Žižek, hace en política las veces de cuento de los reyes magos; todos sabemos que no existe pero mantenemos la creencia por respeto a otros. Votamos cada cuatro años en un procedimiento litúrgico que ni siquiera garantiza que los programas electorales se cumplan, pero que sí logra conceder legitimidad a esta ilusión democrática. Una legitimidad que en cualquier caso se va deteriorando porque ninguna farsa puede continuar eternamente.

Este país necesita una democracia real. Pero para ello es necesario un nuevo sistema político y unas nuevas instituciones que sí sean capaces de resolver los problemas reales de la gente. El modelo del 78 está caducado y necesitamos construir un modelo nuevo y eficaz. Ello requiere, necesariamente, poner coto al poder no democrático; es decir, hacer que el poder económico esté subordinado a la democracia y sus justas leyes. No podemos permitir que las decisiones sobre nuestro futuro sean tomadas por individuos o empresas que únicamente buscan maximizar sus beneficios sin importarles cuáles sean las consecuencias sobre nuestras vidas. No podemos permitir, en última instancia, que no exista democracia.

Son muchas las voces que han percibido el engaño y que denuncian que efectivamente ni esto es una democracia ni tampoco un Estado de Derecho. Son muchas las voces que reclaman una verdadera transición, una que nos lleve desde la actual dictadura del dinero hacia la democracia de los ciudadanos; desde la apariencia de democracia hacia la democracia real. Para ese viaje colectivo necesitamos muchas manos, pero sobre todo partir de un hecho incontestable: el problema actual no es la democracia sino su ausencia.

En los próximos meses nos enfrentaremos a ese dilema. Tendremos que elegir entre más democracia, apoyando un proceso de cambio institucional radical, o mantenernos en esta falsa ilusión que amenaza con llevarnos a una nueva edad media en la que la ausencia de democracia estará aparejada a unas viejas y denigrantes condiciones de vida.

Alberto Garzón Espinosa
agarzon.net

jueves, 16 de agosto de 2012

Algunas consideraciones sobre la actuación del Sindicato Andaluz de Trabajadores en los supermercados

Cuando veo que se analiza la acción del SAT en los supermercados me encuentro con muchas voces que, para criticar tal comportamiento, se basan en la ilegalidad de la operación. Suelen decir: “es un acto ilegal, y como tal es reprochable”, o “han incumplido la ley y por lo tanto son delincuentes”, o también “nadie puede infringir la ley por ningún motivo”. Pues bien, quiero dejar constancia que criticar un comportamiento porque atenta contra las leyes de un país es un argumento absurdo e inconsistente. Recordemos que las leyes no son producto de ninguna divinidad celestial, sino que son elaboradas por grupos de seres humanos y que están en continua transformación, además de diferir unas de otras dependiendo del lugar del planeta en el que uno se encuentre. Desde los albores de la civilización las leyes han sido modificadas una y otra vez y así seguirá ocurriendo mientras exista la especie humana.

Galileo también era un delincuente porque infringía las leyes de la Iglesia Católica del siglo XVII. Las personas que luchaban por la liberación de los esclavos en EEUU también eran delincuentes. También los que luchaban por los derechos de las mujeres. También los que luchaban contra el apartheid en Sudáfrica, o los que protegían a judíos en la Alemania nazi. Son delincuentes los manifestantes españoles que se oponen pacíficamente a las autoridades policiales. Lo son también quienes intentan erradicar la práctica de la ablación en muchas regiones africanas. Una ley no tiene por qué ser justa ni moral. Y los comportamientos que atentan contra las leyes tampoco tienen por qué ser inmorales o denunciables éticamente. Eso hay que tenerlo muy en cuenta. Además, no podemos perder de vista que en muchos de estos actos insumisos está la semilla que con el tiempo termina logrando que esas leyes cambien y se adapten a las necesidades de la sociedad.

No es riguroso ni adecuado juzgar un comportamiento recurriendo a la legalidad vigente. Para criticar una actuación determinada hay que recurrir a otro tipo de consideraciones que van mucho más allá de lo que viene recogido en un papel redactado -al fin y al cabo- por un selecto grupo de personas.

Vamos por pasos. Si un grupo de jornaleros decidió entrar en un supermercado y llevarse alimentos sin pagar para repartirlos entre los más necesitados es porque algo serio pasa. Eso no se hace por gusto. Y efectivamente, algo muy grave está pasando en nuestro país: más de diez millones y medio de personas en España, un 22% de la población, están en situación o riesgo de pobreza y exclusión social. 580.000 familias no tuvieron ningún tipo de ingreso económico. El 24,1 % de los niños y niñas en España está en riesgo de pobreza. Entre 2009 y 2011 aumentó en más del 50% el número de personas que en España recurren a los comedores sociales para alimentarse. Sin ir más lejos, Cáritas llegó a atender a cerca de 1,5 millones de personas en el año 2010 en España, una cifra un 20% superior a la registrada en el año anterior.

Los datos no dejan lugar a dudas: buena parte de la sociedad española se está empobreciendo a ritmos acelerados y la tendencia es muy preocupante. El número de personas que necesitan acudir a los comedores sociales no deja de aumentar y está desbordando a las ONG que dan este tipo de servicios.

Pero al mismo tiempo vemos que en nuestro país hay personas muy ricas que siguen viviendo con todo tipo de lujos. Mientras una quinta parte de la población está en riesgo de pobreza, el 10% de las familias más ricas de España posee el 58% de toda la propiedad existente en el país. La desigualdad en nuestro país es escandalosa y no deja de aumentar: la distancia correspondiente al 20 por ciento más rico de la población y al 20 por ciento más pobre pasó de un valor de 5,3 en 2007 a otro de 6,9 al término de 2010.

Frente a estos hechos un estado democrático y de derecho como se supone que es el nuestro debería actuar inmediatamente y cualquiera que sea la forma para paliar esta desastrosa situación. Así rezan los principios democráticos y así viene recogido en el artículo 128.1 de la Constitución Española:

Artículo 128.-
1. Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.
Es cierto que el término “interés general” no deja muy claro a qué se está haciendo referencia. No obstante, parece evidente que dentro de ese interés general hay que incluir a esa quinta parte de la población que actualmente se encuentra en riesgo de pobreza. Para el que tenga alguna duda sobre esto le vendrá bien leer también los artículos 25.1 y 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Artículo 25.- 
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.

Artículo 22.-
Toda persona (…) tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, (…) habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

En otras palabras: mientras haya recursos suficientes y disponibles se debe conseguir un nivel de vida adecuado y digno a toda la población. Éste es un principio universal de todo ser humano. En España recursos para redistribuir hay, como observamos en la pirámide de distribución de renta y riqueza. Y también hay personas que no alcanzan esos derechos económicos básicos. De lo que se deduce que el gobierno español debería haber puesto hace tiempo en funcionamiento mecanismos eficaces que distribuyeran más renta y riqueza hacia los sectores más desprotegidos y más empobrecidos. Siempre lo ha hecho, pues es un principio fundamental del Estado del Bienestar. Pero ahora lo hace en menor cuantía, y de lo que se trata es que potencie esos instrumentos de redistribución de la renta y riqueza para permitir un nivel de vida digno a todos los ciudadanos. Vivimos en un país desarrollado que, aunque actualmente esté atravesando una grave crisis, sigue contando con recursos suficientes para satisfacer las necesidades más básicas de toda su población.

¿Esto qué quiere decir? Pues sencillamente que el Estado español está fallando en este cometido. Debería resolver esta desgraciada situación de desigualdad económica recurriendo a cualquier mecanismo institucional del que disponga (y son muchos). En efecto, éste no es un problema que deba ser resuelto por un pequeño grupo de jornaleros. Éste es un problema que debe ser resuelto por el gobierno elegido por el pueblo para, entre otras cosas, procurar unas cotas mínimas de bienestar económico a todos los ciudadanos.

Por lo tanto -incluso sin tener en cuenta cuestiones legales por carecer de solidez argumental- la forma con la que el SAT actuó el pasado martes es a todas luces la menos apropiada, pero es a lo que obligan las circunstancias actuales. Lo que debería hacer el gobierno de una forma organizada, legal y armoniosa se ha hecho a pequeña escala de una forma desorganizada, ilegal y turbulenta. Pero la raíz del problema es que el gobierno está fallando en sus funciones. Si realmente se luchara contra la pobreza desde las instituciones estatales (que es para lo que en parte están diseñadas), no haría falta que ningún jornalero asaltara un supermercado para repartir alimentos a los más pobres. Teniendo en cuenta esto, no me parece inmoral reducir una pequeñísima parte de los beneficios de los supermercados si con eso se está aliviando el problema de la alimentación a sectores muy indefensos y necesitados. Por eso apoyo la actuación del SAT, y por eso denuncio al gobierno español por no realizar las labores que un estado verdaderamente democrático merece.

Eduardo Garzón
Saque de Esquina